Hace falta más

El encuentro Confebask-EH Bildu supone el inicio de una ‘normalización’ que solo llegará cuando la izquierda abertzale se retracte del pasado tenebroso

Hace falta más
EL CORREO

La reunión celebrada ayer entre Confebask y EH Bildu supuso, incluso al margen de su contenido, una señal de normalización que la inmensa mayoría de la sociedad vasca considera como otro episodio más del final de una etapa tenebrosa. Pero la normalización es un término equívoco, porque en su uso habitual contribuye a eludir el juicio sobre lo ocurrido con anterioridad. El encuentro reflejó una normalidad largamente esperada. Pero no era el país en su conjunto el que carecía de tal virtud; sino que eran ETA y la izquierda abertzale las que violentaban la convivencia hasta extremos de una crueldad inenarrable. Ayer fue la fracción más deudora del pasado etarra, representada por Arnaldo Otegi, la que quiso normalizarse ante la confederación empresarial. Pasar página para que la izquierda abertzale pueda ser interlocutora del resto del país; incluso de los sectores víctimas de una encarnizada persecución por parte de ETA. No es fácil que eso le sea posible sin retractarse expresamente del pasado; de la cobertura política con la que la banda contó hasta su declaración de tregua indefinida, y que continúa justificando su estela de terror al negarse a su condena. Pero hay un mínimo indispensable para la normalidad; y ese es el silencio. Que ninguna voz trate de jactarse de la ignominia -como hizo David Pla hace cinco días, advirtiendo de que «no lamentamos lo que hicimos»-. Lo importante será comprobar hasta qué punto dos horas de reunión entre Confebask y EH Bildu han contribuido a ‘normalizar’ a la izquierda abertzale. Forma también parte de la normalización democrática la recíproca autonomía que han de alcanzar los partidos representados en las instituciones en relación a las organizaciones sindicales, y viceversa. De hecho, forma parte de la transición democrática el aprendizaje de esa lección. Una lección que aún tiene pendiente la izquierda abertzale, en tanto que se concibe a sí misma como una alternativa total; y en tanto que LAB representa su activo orgánico más sólido. La recíproca autonomía entre partidos y sindicatos responde al principio de sufragio universal y a su coexistencia más idónea con otras formas de representación de las reivindicaciones o aspiraciones ciudadanas. La izquierda abertzale tiene pendiente aún el tránsito hacia su papel estrictamente institucional para normalizarse.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos