La fácil tentación de la demagogia

- Editorial -

El mantenimiento de unas pensiones dignas obligará a elevar impuestos o a reducir otros gastos

Masiva manifestación de pensionistas en Bilbao./Ignacio Pérez
Masiva manifestación de pensionistas en Bilbao. / Ignacio Pérez
ELCORREO

El clamor en las calles de decenas de miles de pensionistas está cargado de razón. Por mucho que las cuentas de la Seguridad Social estén en una situación límite, resulta muy difícil de justificar ante más de nueve millones de personas que la recuperación económica de la que tanto presume el Gobierno solo concede margen para subir sus prestaciones un 0,25%. Es decir, que están condenadas a perder poder adquisitivo en plena cresta de la ola. Ese pírrico aumento podía ser soportable cuando la inflación permanecía congelada e incluso en terreno negativo. Su permanencia en el tiempo -ya se prolonga cinco años-, unida al repunte de los precios, ha derivado en la creciente indignación de un colectivo hasta ahora resignado a su suerte, que ha puesto contra las cuerdas al Gobierno al dar un paso al frente. Es cierto que, a pesar de los sucesivos ajustes en el sistema, los pensionistas han salido mejor librados de la crisis que los trabajadores en activo, que han sufrido masivos despidos o fuertes recortes salariales. Tanto como que cientos de miles de viudas malviven con ridículas prestaciones que les obligan a practicar una economía de guerra.

El inquietante déficit del sistema público no permite alegrías. Pero es de justicia garantizar el nivel de compra de un colectivo que contribuyó con su esfuerzo a pagar las pensiones del pasado y que ahora reivindica legítimamente un trato digno. Y con el que la sociedad tiene contraída una deuda moral por ejercer de sostén familiar en los años más duros de la crisis al cargar sobre sus hombros con el mantenimiento de hijos arrojados en paro. Temeroso de desplomarse aún más en las encuestas, el Gobierno intenta lanzar guiños a los pensionistas y ha aceptado un pleno en el Congreso, aunque se niega a asumir sus demandas, que apoya toda la oposición. Su nerviosismo en esta materia es explicable: el colectivo es el principal apoyo electoral del PP. La viabilidad futura del sistema es un reto de suficiente envergadura y complejidad como para huir de la fácil tentación de la demagogia y el populismo, y buscar entre todos soluciones razonables y factibles. Antes o después, las pensiones tendrán que ser financiadas en parte con los Presupuestos. Pero el dinero que se destine a través de esa vía a garantizar unas prestaciones dignas deberá ser cubierto con más déficit -que tiene unos límites-, más impuestos o con recortes en otras partidas de gasto. Es así de simple. Nada sale gratis. Conviene recordarlo para no llamarse a engaño.

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