¿Extrema derecha o ultras?

Juan Carlos Viloria
JUAN CARLOS VILORIA

Podría cuajar en España un partido de extrema derecha? Algunos indicios pueden apuntar en esa dirección. El despertar de las banderas rojigualdas en balcones y fachadas. La movilización urbana el 8-O contra el independentismo. Voces mediáticas tachando a Rajoy de blando y clamando más caña a los separatistas. Algún nostálgico del franquismo en la Diagonal. Y escraches o peleas callejeras en Valencia aprovechando el río revuelto de la crisis nacional. ¿Está próximo a cumplirse el sueño de nacionalistas y extrema izquierda al rebufo del conflicto en Cataluña? Es difícil encontrar en Europa un país como España donde haya tanta nostalgia por una extrema derecha que actúe de sparring para separatismos unilaterales y maximalismos populistas de izquierda. La cuestión es si puede el conflicto provocado por el independentismo en Cataluña galvanizar en España ese partido de extrema derecha que desde la desaparición de la Fuerza Nueva de Blas Piñar no ha vuelto a rebrotar. Otros indicios, sin embargo, apuntan justamente lo contrario. Porque el discurso de la defensa de España ha sido asumido por los grandes partidos, lo que deja a la extrema derecha fuera de foco y sin margen de maniobra. Hay que reparar también en que los grandes medios de comunicación de izquierda y derecha están siendo igual de severos editorialmente frente al «golpe de los sediciosos contra la democracia». No se puede confundir un partido ultraderechista al modo europeo con grupúsculos ultras que se pueden asimilar más exactamente a los 'hooligans' que buscan protagonismo en los campos de fútbol o en el metro enfrentándose con los 'antifascistas'. Otra cosa es que intenten aprovechar la ocasión para explotar el conflicto y envolverse en la bandera. La realidad es que la mañana del 8 de octubre en Barcelona era prácticamente imposible encontrar una rojigualda con el aguilucho mientras que las voces las pusieron ciudadanos tan centrados como Borrell y Vargas Llosa. La configuración de una organización partidaria al estilo del Frente Nacional de Le Pen requiere de otros ingredientes, como la xenofobia, la anti-inmigración, la antiglobalización o el rechazo a las élites. Los dos primeros elementos no están presentes entre las preocupaciones sociales, como acredita periódicamente el CIS. Y, paradójicamente, los últimos ingredientes, antiglobalizacion y rechazo a las élites, se han incorporado al programa del populismo de izquierda. Lo más estructurado que ha surgido en España en el terreno de la derecha radical es Vox, con Aleix Vidal-Quadras, que curiosamente, ahora que el conflicto catalán está en su punto álgido, no tiene protagonismo. En las últimas elecciones obtuvo 40.000 votos. La excepción española en el mapa de la ultraderecha europea se suma a la de Portugal. Nos une que largas dictaduras nos dejaron vacunados frente a la ultraderecha. Aunque no frente al nacionalismo ultra.

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