Exceso visual

La estrategia publicitaria de Netflix en el lanzamiento #de la película de Borja Cobeaga, 'Fe de etarras', solo buscaba una reacción emocional

Enrique Portocarrero
ENRIQUE PORTOCARRERO

El exceso visual y discursivo de Netflix al publicitar la película de Cobeaga solo pretendía eso, es decir, impactar con exceso, causar una respuesta instantánea y sobreexcitar deliberadamente para lograr una reacción emocional. Nada nuevo en el mundo de la publicidad sensacionalista, donde importa mucho más la polémica generada o los réditos obtenidos por la curiosidad viral que la sensibilidad con un tema delicado o el respeto debido a quien el dolor no permite reír. Por supuesto, el ganador ante semejante ruido no solo es Netflix por la ayuda que la polémica produce en la promoción de su película, sino también por la novedad que representa visualizar su ruptura tanto de los esquemas tradicionales de la producción o la distribución cinematográfica como de lo políticamente correcto en las técnicas publicitarias. De esto último serán las normas legales y deontológicas quienes determinen los límites aceptables. Y en cuanto a su condición de nuevo protagonista en el mundo del cine y la televisión en España, nadie podrá negar lo positivo y estimulador de su presencia si a Netflix se le trata con las mismas exigencias legales que a cualquier otro operador audiovisual o si se grava fiscalmente su actividad en la economía digital, claro, con los mismos criterios aplicados fiscalmente a empresas que no pueden aprovechar la naturaleza virtual de su negocio para reducir su factura en el impuesto de sociedades.

Música Tiempos cambiantes

Los tiempos están cambiando. Lo decía Bob Dylan en su vieja canción incluida por la revista 'Rolling Stone' en su famosa lista de las 500 mejores canciones de todos los tiempos. Tiempos y cambios inevitables, también incluso para la que fuera la biblia de la contracultura, el espejo de la psicodelia o el ejemplo de una revista con 50 años de existencia que introdujo la libertad creativa del rock en una respetable categoría cultural. Ahora su fundador y propietario, Jann Wenner, acaba de anunciar que pone a la venta la propiedad del 51% de la revista, tras haber vendido hace un año otro 49%. Las razones más visibles aluden a los malos resultados económicos y a una pérdida de credibilidad como consecuencia de un artículo publicado en 2014 sobre una presunta violación en una universidad de Virginia que se demostró falsa. Seguro, pero más allá de esto lo que está claro es que tampoco los lectores que la compraban hace treinta años se parecen a los posibles lectores de una contemporaneidad marcada por las redes sociales, las descargas musicales, la desaparición del formato físico, la irrupción de nuevas tendencias sociológicas y hasta el olvido de la psicodelia y la contracultura. De 'Rolling Stone' nos queda la nostalgia musical o incluso el recuerdo de aquella foto icónica de Annie Leibovitz con John Lennon y Yoko Ono desnudos. Sí, pero indudablemente los tiempos han cambiado.

Cine Comparativa europea

Los datos comparativos del cine en Europa durante el año pasado arrojan algunas conclusiones ciertamente curiosas. Por ejemplo, el número de espectadores en las salas de cine no tiene tanto una directa proporción con la población total de un país, como con el número de pantallas disponibles o con las preferencias sociales en el consumo cultural. Fíjense en el dato del número total de espectadores en el Viejo Continente durante 2016, donde Francia lidera el ranking con 213 millones, seguida por Inglaterra (188 millones) y Alemania (121 millones), todo lo cual choca y contrasta con la realidad de las cifras demográficas en las que Alemania ocupa la primera posición con 82,6 millones de habitantes, seguida de Inglaterra con 65,8 y Francia, con 64,7. Por su parte, España tuvo el año pasado 102.452.569 espectadores en las salas de cine, siendo su población de 46,4 millones de habitantes, algo que nos indica una proporción muy positiva entre espectadores totales y población. Naturalmente, el éxito del cine en Francia se explica no solo porque se trata de un sector muy protegido, porque tiene el mayor número de salas en Europa (9 pantallas por cada 10.000 habitantes) o porque es el país que genera más ingresos en la taquilla, sino también porque el cine es el hábito preferido de los franceses en sus planes de ocio, incluidos los menores de 25 años que ya en 2016 suponían un tercio de los espectadores.

Temas

Netflix

Fotos

Vídeos