Es evidente pero no se ve

Ignacio Marco-Gardoqui
IGNACIO MARCO-GARDOQUI

Es evidente que no lo tenía previsto, no soy tan listo. Pero me reconocerá que la coyuntura se ha puesto definitivamente al servicio del discurso que más me gusta y de la tesis que más me reconforta. Cuando estallaron todas las crisis en una serie de empresas relevantes -la Naval, Cel, la antigua Fagor Electrodoméstico, etc.-, cundió entre nosotros el ‘pánico industrial’ ante la destrucción de riqueza que se avecinaba y la pérdida de empleos que se anunciaba. Sin embargo siempre he defendido que lo malo es el gran número de empresas condenadas a desaparecer, pero que lo peor es el escaso número de empresas que nacen y las sustituyen.

Ayer tuvimos un importante respiro con el anuncio de que Mercedes Benz va a crear este año en su factoría de Vitoria 1.350 empleos, amparados en contratos indefinidos y con buenos salarios. Pero hoy Confebask nos devuelve a la realidad. A una realidad que muestra la tremenda destrucción de empresas que provocó la crisis y la muy escasa aparición de nuevas que nos ha traído la bonanza. No le repito los datos porque los tiene aquí al lado.

¿Extraeremos alguna lección de tan nefasta evolución? ¿Seguiremos convencidos de que los empresarios son gente que no necesita apoyos ni merece ayudas? ¿Mantendremos nuestra intención de apretarles fiscalmente a los existentes en lugar de impulsar la llegada de otros nuevos?

Es una evidencia, pero al parecer o no se ve o no se quiere ver. Nuestro estado del bienestar es muy caro. Y es muy caro porque nuestras pensiones son elevadas, nuestro sistema sanitario es excelente, nuestras infraestructuras públicas inigualables (en el área metropolitana de Los Ángeles, en California, viven 18,8 millones de personas que disfrutan de un nivel de renta superior al nuestro, pero carecen de autopista de circunvalación), nuestra educación está bastante mejor dotada que sus resultados y la asistencia social cubre necesidades que envidian en nuestro entorno.

Todo ello está muy bien. Es una suerte tenerlo. Pero siempre olvidamos que es muy caro y hay que pagarlo. Y solo podremos pagarlo si desplegamos una actividad económica suficientemente grande como para soportar el nivel de ingresos fiscales necesario. Repito la pregunta. ¿Pensarán en ello nuestros dirigentes cuando redacten la nueva reforma fiscal? Ojalá sea así. Nos va mucho en ello.

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