La Euskadi más reivindicativa

La masiva movilización en defensa de la mujer y las pensiones refleja su inconformismo social

Manifestación de los pensionistas frente al Ayuntamiento de Bilbao./P. Urresti
Manifestación de los pensionistas frente al Ayuntamiento de Bilbao. / P. Urresti
EL CORREO

No deja de resultar sorprendente que Euskadi se haya situado a la cabeza de la histórica movilización de las mujeres para exigir el 8 de marzo la erradicación de las intolerables discriminaciones que sufren en el ámbito laboral y social. Y también de la protesta de los pensionistas contra la raquítica subida del 0,25% aplicada a sus prestaciones. Ambas reivindicaciones han despertado un clamor en las calles del País Vasco con masivas marchas cuya asistencia ha superado, en algunos casos, la registrada en las principales capitales españolas a pesar de que éstas cuentan con una población mucho más numerosa que la de Bilbao, Vitoria o San Sebastián. Esa respuesta refleja un saludable pulso vital cuyo origen no está, desde luego, en que el trato a las mujeres sea más injusto en Euskadi ni en que las pensiones que cobran los vascos figuren entre las más bajas. Por el contrario, son las más elevadas de España y rebasan en casi un 25% la media nacional. Su génesis hay que buscarla, más bien, en una cultura reivindicativa muy arraigada históricamente que sale a flote con facilidad en cuanto se tocan fibras tan sensibles como las que han desatado estas movilizaciones. En un inconformismo labrado durante décadas y que lo mismo se extiende al movimiento obrero que a las ONG o al feminismo. Ámbitos todos ellos profundamente ideologizados. Al igual que una ciudadanía en la que el tejido asociativo tiene más peso que en otras comunidades. Y acostumbrada a echarse a la calle en defensa de sus demandas, aunque no en una dimensión tan espectacular como la que han alcanzado estas protestas, cuyo componente de espontaneidad ha sido tan fuerte como escaso su impulso por parte de los partidos políticos. No es incongruente que una sociedad con un alto nivel de vida, como sin duda lo es Euskadi, se caracterice por ese talante reivindicativo. Al contrario. La coexistencia de unos ingresos superiores a la media y de un elevado grado de exigencia tiene sobrados fundamentos sociológicos. Ambos factores son perfectamente compatibles. Sin olvidar, aparte del acentuado espíritu solidario del País Vasco -una tierra de cooperantes-, que la riqueza comparativa que las estadísticas atribuyen a Euskadi no es una realidad generalizable. Que una parte no despreciable de la población vive entre apreturas en una comunidad con elevados precios en la que 1.000 euros de pensión quizás rindan menos que 700 en Huelva.

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