euskadi, mi euskadi

Teresa Díaz Bada, hija de Carlos Díaz Arcocha, superintendente de la Ertzaintza asesinado por ETA el 7 de marzo de 1985, recuerda tras el comunicado la «miserable» trayectoria de la banda

Teresa Díaz Bada, hija de Carlos Díaz Arcocha, superintendente de la Ertzaintza asesinado por ETA./Jose Ignacio Unanue
Teresa Díaz Bada, hija de Carlos Díaz Arcocha, superintendente de la Ertzaintza asesinado por ETA. / Jose Ignacio Unanue
TERESA DÍAZ BADA

Miserables asesinos que no sois capaces más que de exhalar mentiras y odio cada vez que decís algo. Miserables asesinos que habéis conseguido durante 50 años sembrar en Euskadi un odio y una tristeza que todavía rezuma en la sociedad.

Miserables asesinos que habéis matado a hombres buenos, niños, mujeres, a mujeres embarazadas y que paseaban con sus hijos sin que os temblara un ápice vuestro miserable corazón.

Miserables asesinos que ni reconocéis ni pedís perdón, en una retórica malvada y abyecta que si no fuera por lo terrible y doloroso resultaría ridícula.

Miserables asesinos que como los nazis os creéis en el derecho de clasificar a las personas por más humanas o no, dependiendo de criterios xenófobos, ruines e inmorales.

Miserables asesinos que habéis dejado un poso de odio en muchos jóvenes y no tan jóvenes en los pueblos de Euskadi, que como fieras atacan e intentan linchar a ciudadanos que simplemente quieren vivir.

Miserables que os creéis los dueños de una Euskadi que con vosotros lo único que ha conseguido es teñirse de sangre durante años, llenarse de tristeza en cada calle, de miedo y de cobardía.

Miserables asesinos. Euskadi no es vuestra Euskadi. Euskadi es la de tantos y tantos que, a pesar de vosotros, se atrevieron a salir a la calle, a defender la libertad, a llorar por los asesinados y a seguir desempeñando su trabajo a pesar de saberse en el punto de mira de vuestro fanatismo, dando su vida por defender a los demás.

Euskadi, mi Euskadi, es la de los hombres y mujeres que desde hace mucho tiempo, a pesar de todo lo vivido, se levantan para sobrevivir cada día, sacar adelante a sus familias y vivir. Simplemente vivir. 

Euskadi, mi Euskadi, es la de mi bisabuelo, que iba a caballo atendiendo en los caseríos a los enfermos que requerían sus servicios de médico.

Aquel que recorría los caminos en Zestoa, con la certeza de hacer bien su trabajo, respetando al prójimo. La Euskadi de mi abuelo que desde el hospital en el que trabajaba en Bilbao atendía a sus pacientes y recogía en casa y escondía a un arrantzale de Bermeo, al que, por ser republicano, cada 18 de julio iban a buscar.

Euskadi, mi Euskadi, es la de mi padre, que a pesar de la oposición de sus compañeros y de saberse amenazado, lideró la creación de la Ertzaintza, creando una Policía por y para el pueblo.

La Euskadi de Alberto Negro, que se levantó un día como tantos para ir a trabajar a Lemóniz, y no volvió.

La de Luis Mari Uriarte, alcalde y empresario, que no hacía otra cosa más que cuidar al pueblo de donde era y creaba trabajo.

La de Txema Aguirre, ertzaina que gracias a su buen hacer como persona y policía impidió que el museo Guggenheim volara por los aires.

Euskadi, mi Euskadi, es la de los hombres buenos, que ayudan, que intentan vivir en paz y atender al prójimo.

La del tendero, ertzaina, abogado, guardia civil, policía municipal o político, que intentan hacer su trabajo y respetar a los demás.

Esa es mi Euskadi. La Euskadi de todos, la que siempre fue, hasta que aparecisteis vosotros. 

La Euskadi verde y tranquila, la Euskadi de la que me hablaba mi abuelo el de Zestoa, que acogía, ayudaba. La que cuando oigo 'Haurtxo polita' me hace llorar. Esa es la Euskadi de verdad. La Euskadi tolerante y sana. 

La vuestra, esa a la que aludís, no ha existido nunca; simplemente fue creada en vuestra mente malvada y retorcida de fanáticos asesinos para justificar vuestros abyectos crímenes.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos