eterna

Enrique Portocarrero
ENRIQUE PORTOCARRERO

Christian Dior impuso para siempre en el 47 todo ese ‘grandeur’ formal de la moda parisina que ha pervivido hasta ahora como santo y seña de la belleza, la elegancia y el ‘art de vivre’, incluso a pesar de su propia desaparición o de los cambios sociológicos y económicos. A la época del anhelo, que dirían Auden y Cecil Beaton, o a la austeridad de la guerra, Dior opuso su New Look de hombros suaves, talles finos y faldas largas como corolas, renovando los tejidos, proclamando el lujo y la alegría de vivir, relanzando el gusto europeo y hasta la primacía francesa en la moda. Fue, además, el cimiento de la marca Dior como la ‘Grande Maison’ de la costura francesa, del sueño de la distinción elegante o de una empresa integral y global, que lo mismo sirvió como anhelo estético para los ‘cisnes’ de la Quinta Avenida que como icono de modernidad sofisticada.

Esa permanencia coherente en la identidad de la marca, visible todavía en los colores que Christian Bérard concibió para el 30 de la Avenue Montaigne -y que luego respetó Peter Marino-, constituye un código inmutable que han sabido engrandecer los sucesivos directores creativos de la ‘griffe’. A saber, Saint Laurent modernizó con su línea ‘Trapecio’ los postulados clásicos de su maestro y afirmó la continuidad de la marca sin su creador. Marc Bohan tuvo la inestimable virtud de acompasar la ‘Maison’ a los enormes cambios sociológicos sin grandes innovaciones formales, eso sí, convirtiéndose durante tres décadas en el ‘couturier attitré’ de Carolina de Mónaco, de Sylvie Vartan y de estrellas del cine como Sofía Loren, Liz Taylor, Natassia Kisnki e Isabelle Adjani. Gianfranco Ferré -ya con la marca bajo el imperio de Bernard Arnault- también aportó su rigor sartorial al prêt-à-porter. Y, si Galliano combinó su formidable sentido teatral con una notable reinterpretación de los archivos Dior -aumentando las ventas en Asia y Norteamérica-, Raf Simons incorporó su conceptualización forma l a los cánones tradicionales y Maria Grazia Chiuri su perfecto sentido de los volúmenes y los colores a las tendencias consumistas de la posmodernidad. La moda se desvanece pero el estilo es eterno, dijo Yves Saint Laurent. Sí, una eternidad en el estilo y en la belleza de las formas como la alcanzada por Dior en sus setenta años de existencia, certificada tanto en la muestra que dedicó a la marca el Metropolitan de Nueva York en su 50 aniversario como en esta que ahora le consagra en París el Museo de Artes Decorativas.

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