Los estrategas

Los estrategas
Manuel Alcántara
MANUEL ALCÁNTARA

Ayer, sin ir más lejos en la memoria del tiempo, el Gobierno aprobó el nuevo mecanismo de Seguridad Nacional, aunque le falten piezas al mecano. No hay que desanimarse nunca, ni siquiera cuando nos falte el ánimo, porque si se cae al suelo cuesta mucho trabajo agacharse para recogerlo. El implacable Puigdemont se ha erigido desde Bélgica en el defensor único del ‘procés’. Quizá se vean las cosas de otra manera desde las Ramblas y desde un apartotel de Lovaina, pero la distancia del Govern al resto de los españoles es cada vez más grande. Nos hemos hecho mutuamente extraños, mientras cae el turismo en Cataluña, donde nadie nos consideraba turistas. Yo iba todos los años y aún conservo los amigos que todavía no me cuentan a mí entre sus muertos. La España unitaria fue una exageración, pero no lo es menos que queramos ser cada uno de nuestro pueblo y no oír más que las campanas de nuestro campanario, aunque suene fuera y haya que taparse las orejas. No es lo mismo escuchar que oír, porque lo primero exige voluntariedad.

El lunes, según lo previsto, el juez decidirá si Junqueras es excarcelado, por lo que deberá valorar su acatamiento del artículo 155, que está por igual en uso y en desuso, pero es el más célebre, hasta el punto que se ha agotado, esa terminación en las administraciones de lotería. Se habla de estrategia concertada y de ciberataques, pero la verdad es que hemos hecho entre todos una España que no se parece a ella misma. Vascos, navarros y riojanos duplican la renta de andaluces y canarios. El dinero tiene traductores y no se pronuncia de igual manera, aunque se ejerza idéntico trabajo, en unos sitios que en otros. Eso que llamamos bienestar escoge sus lugares para vivir bien. Los que somos de todos los sitios donde hemos estado no lo entendemos. Nos falta la envidia.

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