El esperpento catalán

Ignacio Marco-Gardoqui
IGNACIO MARCO-GARDOQUI

La denominada ley de transitoriedad jurídica que presenta el Parlament es una aberración jurídica y un desatino político. Pero no voy a hablarle de eso, lo voy a hacer del esperpento económico que supone. La ley insiste en la creación de una Agencia Tributaria y de un Sistema de Seguridad Social propios, como corresponde a cualquier Estado que se precie. Ya, pero aquí no se dan las circunstancias mínimas para que funcionen con normalidad.

¿Dónde ingresarán sus impuestos los ciudadanos y las empresas catalanas? Por muy forofos que sean del ‘procés’, ¿conseguirán vencer el temor a quedarse colgados de la brocha si los entregan a la agencia catalana, fracasa la asonada y luego viene Cristóbal Montoro a reclamarles de nuevo el pago? ¿Dónde los ingresarán las empresas catalanas que contraten con cualquier instancia de la Administración española, nacional, autonómica, municipal o de empresas públicas, si aprecian riesgo de que les descuenten los impuestos debidos de las facturas presentadas? ¿Admitirán las empresas españolas que importen productos de fuera de la UE, a través de aduanas catalanas, el pago de los aranceles a la nueva y flamante Agencia Tributaria?

¿Dónde ingresarán los autónomos y las empresas sus cotizaciones sociales? ¿Dónde cobrarán sus pensiones los pensionistas catalanes que han cotizado toda su vida al sistema español? Como sabe éste es de reparto y tiene un déficit tremendo en Cataluña, ¿de dónde saldrá el dinero para equilibrar sus cuentas?

Pero eso no es todo. La nueva ley decreta la nacionalización de todos los bienes y derechos del Estado en territorio catalán. Sí señor, con un par. Si lo hace Maduro en Venezuela con los bienes americanos da la vuelta al ruedo y sale a hombros en medio del entusiasmo popular. A los legisladores del esperpento se les olvida la cuestión de las indemnizaciones -hasta Fidel Castro las terminó por hacer-, y se queda en el limbo cuando habla de la deuda. Claro que podrían eludir las indemnizaciones asumiendo parte de la deuda que ha sido necesario emitir para pagar dichos bienes, pero eso lo dejan para una negociación posterior.

Negociación, ¿exactamente con quién? Se supone que con el Estado, pero aquí aparece un problema y un grave desconocimiento de la realidad. El problema es que el Estado no se va a sentar nunca a negociar tal cosa. El desconocimiento es que esa deuda ha sido emitida por el Estado español, que es el deudor frente a los tenedores de los títulos que expresan esa deuda. ¿Consentirán los inversores en cambiar el deudor ‘España’ por el deudor ‘Cataluña’, que parte con una situación macrocatastrófica al sumar su propia deuda -la mayor parte de la cual se encuentra en los cajones del despacho de Montoro- a la que le corresponda asumir como pago de las expropiaciones planteadas? No sé, lo dudo. Quizás convendría preguntárselo antes, ¿no cree?

Con todas las personas con las que he hablado de esto me insisten en que se trata de fuegos artificiales y que nada de eso ocurrirá. Lo malo es que ‘ya’ ha ocurrido lo que ha ocurrido. No hablamos de la intervención de un tertuliano alucinado en una televisión enloquecida. Hablamos de todo un Parlamento ¿enloquecido? legislando ante un mundo ¿alucinado? ¿No le parece eso grave? A mí, sí. Mucho.

Fotos

Vídeos