el espejo de alsasua

Algunas decisiones judiciales y ciertas posiciones políticas en el caso de la agresión a dos guardias civiles y sus parejas en Navarra vuelven a evidenciar lo lejos que estamos aún de ser una sociedad normalizada

ALBERTO AYALA

El próximo otoño se cumplirán seis años del adiós definitivo a las armas por parte de la organización terrorista ETA. Seis años de paz. Seis años sin crímenes ni extorsión. Seis años para la esperanza. Seis años en los que se han dado evidentes pasos adelante para que seamos al fin una sociedad normal. Una meta que aún no hemos alcanzado y que probablemente tardaremos en alcanzar.

Un buen ejemplo de ello pueden ser los desgraciados sucesos acaecidos en la madrugada del 15 de octubre del año pasado en un bar de la localidad navarra de Alsasua, cuando dos guardias civiles fuera de servicio y sus novias fueron brutalmente agredidos por simpatizantes de la izquierda abertzale más radical, y sus secuelas. Algunas actuaciones judiciales -como la calificación fiscal de los hechos y su petición de penas, hecha pública esta misma semana, y que ha podido pasar un tanto desapercibida por el órdago final del independentismo catalán al Estado - y ciertos posicionamientos políticos evidencian a las claras el camino que aún nos falta por recorrer.

Que la defensa de los agresores tratata y trate de quitar hierro al asunto desde el minuto uno es lo lógico. Va con sus honorarios. Que desde Sortu y su entorno se pretendiera y se pretenda todavía que lo que ocurrió aquella noche de fiestas fue una simple trifulca de bar de las muchas que se dan los fines de semana constituye un insulto a la inteligencia, aunque se lo ‘compren’ algunos medios públicos de comunicación.

Los guardias, de paisano, y sus parejas tomando una consumición cuando fueron abordados, insultados y agredidos. Todo ello entre gritos tan usuales en las peleas de bar de Dublín o Amsterdam como: ‘pikoletos, fuera de aquí’, ‘cabrones, teníais que estar muertos’ o ‘dale fuerte al puto perro guardia’.

La formación de Arnaldo Otegi es libre de dar cobertura a la versión de los ocho detenidos, muy posiblemenet simpatizantes suyos. Pero no resulta precisamente alentador de su verdadera disposición a alejarse de su pasado de apoyo ciego a la violencia y la extorsión etarras para construir una sociedad de verdad tolerante y democrática.

Igualmente triste resulta la evolución de la actitud que ha tenido en este caso el cuatripartito navarro Geroa bai (PNV)-EH Bildu-Podemos-IU que sustenta al Gobierno de Uxue Barkos. El primer día el Ejecutivo foral condenó sin ambajes la brutal agresión. Sin embargo, a medida que la Justicia adoptaba posiciones de extrema dureza contra los procesados ha ido cayendo en la estrategia de la izquierda abertzale.

¿El resultado? Manifestaciones, declaraciones y pronunciamientos institucionales en los que se ‘olvidaba’ poner el acento en primer lugar en la salvajada de raíz claramente política que se perpetró aquella noche de octubre, para cargar todas las tintas en una actuación judicial a todas luces excesiva.

La Justicia no es más justa cuando se convierte en Justicia vengativa sino cuando se castiga al procesado de forma proporcionada a la gravedad de los hechos. En este caso resulta abiertamente discutible que los acusados hayan visto calificada su acción como terrorismo, cuando hace un lustro que ETA dejó de matar. Y que la petición de penas hecha pública esta semana por el fiscal de la Audiencia Nacional José Perales oscile entre los 62 años de prisión para uno de los presuntos agresores, los 50 que solicita para otros seis y los 12 y medio que pide para la octava.

El tribunal sentenciará en su momento y cabe desear que los hechos sean calificados de una manera más adecuada. Porque lo de Alsasua no fue una simple pelea de bar, pero tampoco terrorismo. ¿Atentado a la autoridad? ¿Odio? Los jueces determinarán.

Y es que, consideraciones judiciales o políticas al margen, carece de la mínima lógica que terroristas con una veintena de crímenes a sus espaldas hayan salido de la cárcel tras cumplir 23 o 25 años y que los implicados en este caso pudieran llegar a ser condenados al doble de años de prisión.

La Justicia no debiera parecer vengativa. Y los partidos, tener claro que por encima de todo están las personas

Decía el lehendakari, Iñigo Urkullu, al poco de producirse estos lamentables sucesos que lo ocurrido en Alsasua debía servirnos para extraer al menos una conclusión: «La necesidad de hacer pedagogía entre las nuevas generacionse de la cultura del respeto al diferente». Sin duda, pero no solo.

El mundo abertzale, el radical y el moderado, puede seguir reivindicando políticamente que la Policía Nacional y la Guardia Civil no operen ni en la comunidad autónoma vasca ni en Navarra. Pero deben de enterrar de una vez y para siempre el odio que durante mucho tiempo acompañó a esta reclamación.

Y, desde luego, no caer en una injusticia por denunciar otra. Que eso y no otra cosa es pedir para los encausados unas penas más acordes a los hechos y olvidarse de lo anterior, de lo primero: que cuatro personas vivieron minutos de pánico y estuvieron de baja entre 91 y 53 días por el ‘delito’ de pertenecer a la Guardia Civil o salir con dos de sus miembros.

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