Escasez de minorías selectas

En España la mayor parte de la historia la ha hecho el pueblo. Pero el pueblo, por sus limitaciones intelectuales, solo puede ejercer funciones elementales

Escasez de minorías selectas
Manuel Tello
MANUEL TELLO

Algunos creen que la historia es una disciplina innecesaria. Otros piensan que, con una adecuada distorsión, es de gran utilidad para sus fines. Sin embargo, esta disciplina, bien enseñada, es fundamental para entender el presente de un país. Por ejemplo, para explicar las causas por las que España no ha sido en el pasado, en grado suficiente, un país moderno. Sin embargo, fijaremos la atención en el siglo XX. En el que surgieron en el mundo desarrollado unos renovados principios intelectuales apoyados en nuevas habilidades y destrezas. Esto generó nuevas oportunidades para países con una suficiente masa crítica poseedora de esas nuevas exigencias. Así, España pudo volver a jugar en la liga europea en la segunda mitad del XX. En ella obtuvimos triunfos resonantes y, con ellos, pasamos a formar parte del pequeño grupo de países con una sociedad del bienestar de alto, incluso muy alto, nivel. Parecía que, por primera vez, el avance era irreversible debido a que nuestras exigencias intelectuales sintonizaban con las de las naciones que forman la élite mundial.

Sin embargo, un análisis riguroso del momento presente nos indica que la carcoma, que tuvimos siempre, vuelve a sobrevolar el solar patrio y nos puede, de nuevo, alejar de las élites. Una carcoma que, actuando en varios niveles, ha sido, en opinión del profesor Ortega y Gasset, la causa de nuestros males. En el primer nivel se pueden situar, por ejemplo, los errores y abusos políticos, la falta de cualificación de una buena parte de la clase política y académica, los fanatismos y populismos o el déficit de formación de la sociedad española. En el segundo nivel se sitúan, por ejemplo, los fenómenos de disociación que, intermitentemente, han aparecido a lo largo de nuestra historia. Algo, que al ser universal, dio lugar al apoyo internacional en la reciente aplicación del artículo 155 de nuestra Constitución. Existe un tercer nivel del que no se habla nunca. En él, en los países más avanzados, se sitúa lo que A.W. Gouldner llama la ‘nueva clase’. Clase que tiene como infraestructura la cultura del discurso crítico y está compuesta por la ‘intelligentsia’ técnica y los intelectuales. La ausencia, rechazo o, incluso, odio hacia la existencia de una minoría selecta (actualmente la ‘nueva clase’) ha sido, quizás, la causa más profunda de todos nuestros males. Algo que se manifiesta en todos los ámbitos: político, académico, empresarial, información, etc. Las líneas que siguen se dedican a analizar este tercer nivel, el cual está en el origen de los otros dos.

La historia de los países más avanzados, sobre todo su edad moderna, está llena de personalidades. Es decir, son historias realizadas, principalmente, por minorías selectas. Sin embargo, en España la mayor parte de la historia la hizo el pueblo. Por ello solo se ejercían funciones elementales. El pueblo no hacía ciencia, ni tenía capacidad para organizar un Estado complejo, ni creaba alta tecnología, ni …. Así, aunque de vez en cuando aparecía un hombre genial, no era suficiente para elevar el nivel medio. Se carecía de intermediarios entre el genio y el pueblo. Por tanto, España, hasta el último cuarto del siglo XX, nunca tuvo una minoría selecta suficiente. En este cuarto de siglo el pueblo español admitió que lo dirigiera una minoría cualificada y los resultados están ahí. Sin embargo, una mirada al momento actual parece indicar que el éxito alcanzado pudo haber sido un espejismo. Todo indicaba que los partidos, la llamada burguesía y, en general, el pueblo español admitían, por primera vez en nuestra historia, la posibilidad de que existan modos de pensar superiores a los suyos. Es decir, la presencia de hombres de alto rango intelectual y moral dirigiendo a la sociedad. Pero esto ha desaparecido. Y no por la vuelta del pueblo, sino de la «masa» (Orteguiana). Veamos un par de ejemplos.

Ha vuelto a aparecer la ceguera histórica que impide distinguir lo mejor de lo peor. A no saber (o no querer) aprovechar a los ciudadanos privilegiados e, incluso, aniquilarlos. Un ejemplo es lo que está ocurriendo actualmente en la mayoría de los partidos y universidades. Se han eliminado, o se están eliminando, las posibles cabezas privilegiadas de todos sus órganos de gobierno. Es urgente que el verdadero CV, en todos los ámbitos, deje de ser políticamente incorrecto. No olvidemos que actualmente un título universitario no indica que uno está ‘alfabetizado’.

Esto se manifiesta en todos los ámbitos. Por ejemplo, cuando uno tiene la suerte de asistir a una reunión o ve una tertulia en un país serio, le sorprenden dos cosas: la presencia de personas con demostrado conocimiento y el respeto que se tiene a su juicio. Ese respeto eleva el nivel de la tertulia o reunión. En España esto ocurrió en la transición. Sin embargo, actualmente, si por casualidad asiste una persona de reconocido prestigio es ninguneada y acaba sin saber dónde meterse. Esto se debe a que los demás, más intensamente los representantes de los partidos y, en algunos casos, el moderador, se instalan en sus inexpugnables ignorancias y necedades. Esto hace que cualquier palabra o juicio preciso o riguroso les suena a todos como algo absurdo, descortés y, en algunos casos, ofensivo. Lo mismo ocurre en los debates del Parlamento. Una conclusión elemental. Para seguir jugando en la primera liga se requiere respeto al conocimiento, incrementar la ‘nueva clase’ y elegir a las personas, públicas y privadas, en función de sus capacidades. ¿Lo saben bien las empresas y los científicos que compiten a nivel internacional?

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