Escalada en el Pacífico

Los líderes de Corea del Norte y Estados Unidos no hacen mucho por atenuar las tensiones, ante la atenta mirada de China

EL CORREO

Para que no cesara el entretenimiento, los dos dirigentes más curiosos y controvertidos de la Tierra, el norcoreano Kim Jong-un y el norteamericano Donald Trump, están de acuerdo en subir la tensión y amenazarse. A las bravatas lanzadas desde Pyongyang -donde el mando militar táctico dijo que solo aguarda órdenes para lanzar sus misiles sobre las bases norteamericanas en la isla de Guam- respondió el presidente de los Estados Unidos.

Donald Trump dijo que si es preciso lanzará sobre Corea del Norte «furia y fuego nunca vistos en el mundo». El viejo contencioso entre las partes encuentra, pues, un acompañamiento poco edificante en las partes, cuyos jefes no hacen mucho por atenuar las tensiones. En términos jurídico-políticos no hay razón adicional alguna para explicar este empeoramiento de la situación y está claro que la responsabilidad por haber llegado a estos extremos cae del lado norcoreano, donde es inútil buscar una explicación racional. Es como si la dictadura de Corea del Norte necesitara recurrir de forma cíclica a escenarios como el presente para mantener el estado de tensión social, alarma militar y movilización sin los que, aparentemente, el paleolítico régimen no sabe vivir. Pero del lado norteamericano hay matizaciones oportunas que, en paralelo al lenguaje bélico de Trump, hacen saber que «los norteamericanos pueden dormir tranquilos», según la popular expresión a que recurrió el secretario de Estado al respecto.

La crisis aporta esta vez un matiz de cierta novedad: las críticas chinas a sus viejos amigos norcoreanos han subido en términos dialécticos y políticos y abundan los análisis que sugieren una fuerte incomodidad de Pekín con sus incómodos socios. China ni necesita ni apoya los excesos dialécticos y las gesticulaciones bélicas de su incómodo aliado norcoreano. Eso explica que se limite a atenuar un poco el vocabulario de las sucesivas y duras condenas de la conducta de Pyongyang emitidas por el Consejo de Seguridad de la ONU, pero las vota. Esto no impresiona nada al camarada Kim Yong-un y estimula al vibrante presidente Donald Trump.

Descaro soberanista

La Asamblea Nacional Catalana, una organización social cuyo único fin es impulsar el soberanismo, ha pedido a los partidos independentistas un consenso político previo para que la independencia salga adelante si el ‘sí’ obtiene en el referéndum «más votos favorables que votos contrarios, sea cual sea el porcentaje de participación registrado». Los procesos soberanistas en los países políticamente desarrollados han generado arduos conflictos no solo políticos sino también jurídicos y morales, y existe un cierto consenso en que no se puede plantear siquiera una ruptura de esta índole sin una mayoría muy cualificada que la apoye y sin una previa negociación política exitosa que concilie todos los intereses en conflicto. En cambio, la ANC y sus afines no solo han apostado por vulnerar todos los principios y por enfilar el camino de la autodeterminación sin alcanzar siquiera el 50% de los votos en las elecciones autonómicas que sirvieron de punto de partida. Ahora también pretenden que se declare la independencia con tal de que el ‘sí’ supere al ‘no’. Si en realidad los soberanistas están dispuestos a saltarse no solo la ley sino también los más básicos criterios democráticos de representación y mayoría, ¿para qué convocar el referéndum?

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