Todos estamos equivocados

Todos, menos ‘Él’. Pero siempre quedamos los recalcitrantes, los que no tragamos con ruedas de molino y vemos que el Athletic de ‘Cuco’ Ziganda no juega a nada en cuanto pierde su identidad futbolística

Jon Rivas
JON RIVAS

Todos estamos equivocados. Todos menos ‘Él’, que es el único que sabe descifrar la perspectiva desde la que hay que mirar. Conduce por la autopista y se encuentra de frente a todos los coches, pero será porque se han confundido los demás, y también los responsables de poner flechas y señales, que las han colocado al revés. Nunca se equivoca, porque es el santo y seña, el guardián de los valores, el alfa y el omega; el principio y el fin. La prensa es el obstáculo, los periodistas son el demonio y los lectores, escuchantes y televidentes cometen un grave error si hacen caso a lo que leen, oyen o ven.

Si a alguien se le ocurre pensar que el planteamiento de un partido, pongamos el de ayer, no es el más adecuado para un rival, pongamos el Celta, mejor que lave su cerebro y se mentalice de que no es así, que la filosofía de un club único no se puede manchar por un resultado. Si un comentarista analiza, equivocadamente, según ‘Él’, que el centro del campo que forman Vesga y San José es un agujero negro por el que se cuelan todas las jugadas del Athletic y por el que salen los peligros del rival, que sepa que no está contribuyendo a que una entidad admirada en todo el mundo se reafirme en sus valores. En caso de que algún insolente exija responsabilidades a los centrales o el portero, o que se mese los cabellos y se rasgue las vestiduras cada vez que ve a Bóveda en la alineación o a Williams deambular por el campo, que sepa que tiene una cruz con la que cargar por su desafección a la causa.

Porque ‘Él’ está vigilante, desde el palco, desde casa o desde su despacho, donde siempre hay una lucecita encendida, porque el guardián de la ortodoxia nunca descansa. Y nos lo imaginamos sacando del cajón su cuaderno cuadriculado Galgo, de cuando se fabricaban en Andoain, un botecito de cristal de goma arábiga, marca Pelikán, el trazador fosforescente; cogiendo del montón los periódicos del día, uno a uno, para subrayar primero, recortar después y pegar en el cuaderno textos y titulares con el fin de recordarlos días, semanas o meses más tarde y poner en un brete a los desafectos.

Pero siempre quedamos los recalcitrantes, los que no tragamos con ruedas de molino y vemos que el Athletic de ‘Cuco’ Ziganda no juega a nada en cuanto pierde su identidad futbolística y se pone a mover la pelota sin sustancia, con una levedad insufrible, que desengancha al aficionado y revitaliza al rival capaz de marcar tres goles en un cuarto de hora sin esforzarse lo más mínimo, aprovechando los agujeros negros del equipo rojiblanco y la negligencia del banquillo.

Para nosotros, que sólo vemos las cosas bien cuando van bien, y denunciamos las cosas mal cuando van mal, no hay posible perdón. Lo sabemos y lo asumimos. Somos carne de recortes y goma arábiga, a no ser que Jon Agiriano me desmienta y su crónica del partido sea merecedora de un premio en un concurso de juegos florales, como pedía ‘Él’ hace unos días desde su púlpito. Es que sólo vemos las cosas malas. Todos estamos equivocados, menos ‘Él’.

Fotos

Vídeos