La entrevista de Jordi Évole

MIKEL LABASTIDA

Lo primero que llamaba la atención en la entrevista que Jordi Évole le hizo a Carles Puigdemont era la iluminación tenue que se eligió para el desarrollo de la misma. Hay una máxima no escrita en televisión que dice que el espectador huye de cualquier escenario oscuro. Por eso la mayoría de series españolas tienen ese exceso de luz. Recuerden, por ejemplo, la sobreiluminación de aquel despropósito que fue 'Alatriste' en Telecinco. Perdón por obligarles a recordar aquello. Bien, desafiando a esta regla, el equipo de 'Salvados' optó por un ambiente sombrío para enmarcar la charla entre el presidente catalán y el periodista, que reapareció en La Sexta con un especial a propósito del referéndum. 'Salvados' se suele distinguir por romper con lo establecido en la tele convencional, por diferenciarse del resto de propuestas. Pero es más que posible que en esta ocasión la elección sirviese además para contextualizar la conversación, teniendo en cuenta la clandestinidad y el oscurantismo con que se está desarrollando el asunto catalán. Al espectador se le puede proporcionar la información de diferentes maneras, algunas evidentes y otras más encubiertas.

No fue nada ambiguo Évole, sin embargo, en el modo de abordar con Puigdemont la situación en Cataluña y la polémica que rodea al proceso independentista. Se presentó ante él con los deberes hechos, con argumentos, con preguntas claras y con pruebas y testimonios que retratarían al entrevistado. No recurrió a la descalificación ni al ataque gratuito (habitual en cualquier tertulia en la que se debate el tema). No hizo falta. Simplemente le dejó hablar y le pidió explicaciones sobre actuaciones poco claras. Apuesto a que el president aún hubiese deseado que las luces fuesen más oscuras para que no se le viera la cara que se le quedó cuando el presentador le recordó que en su día votó en contra de los referéndum en Kurdistán y el Sahara. Buscó justificaciones vagas, que no convencieron a nadie. Por preguntas como esa se entiende la expectación que había despertado la entrevista de Évole. No decepcionó. No fue fácil para Puigdemont, pero hay que reconocerle que dio la cara, algo que no hacen todos los políticos en televisión.

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