El encuentro de dos gigantes

Donald Trump, un año después de ganar las elecciones de EE UU, viaja a China en búsqueda de un mayor equilibrio comercial

EL CORREO

Ha pasado un año desde que Donald Trump ganara las elecciones de Estados Unidos y el extendido pronóstico de que si vencía sería un dirigente irritante y potencialmente inquietante para el país y sus equilibrios sociales se ha cumplido. También se escribió que el poderoso, bien engrasado y solvente sistema constitucional norteamericano, con su arsenal de contrapoderes y garantías, digeriría al personaje y, sin duda alguna, sería como siempre ha sido, un baluarte en el que vive y sigue intacta la gloriosa tradición democrática y liberal del país. Y así ha sido, de modo que la gestión del presidente, trufada de gestos aborrecibles y de tics provocadores, está siendo digerida en un país democrático hasta la extenuación. Tras casi diez meses en la Casa Blanca, Trump realiza su gira asiática, donde ha visitado Japón, Corea del Sur y, ahora, China. Los dos gigantes mundiales se observan con recelo y desconfianza, pero saben que están obligados a entenderse y que deben evitar el choque. Para Estados Unidos, la región de Asia y el Pacífico es crucial en su política exterior, de seguridad y económica. Durante la campaña electoral, China fue objeto principal de las críticas de Trump, que reclama un equilibrio en los intercambios comerciales -donde Pekín tiene una ventaja abrumadora, ya que el déficit comercial de EE UU con el gigante asiático superó los 233.000 millones de dólares hasta octubre-. El mandatario estadounidense llegó incluso a acusar a China de manipular el yuan para favorecer sus exportaciones. Esta situación habría contribuido a la destrucción de miles de puestos de trabajo en Estados Unidos, según el presidente. Por ello, uno de los objetivos de este viaje es alcanzar acuerdos de ventas e inversión que beneficien a EE UU -lo que conseguirá en cierta medida- y que se mejore el acceso al mercado chino para las empresas norteamericanas -algo mucho más difícil de alcanzar, sobre todo en el área financiera-. Además, Trump reiterará su petición de ayuda en la delicada cuestión de Corea del Norte y su clandestino programa nuclear porque ha digerido pragmáticamente el papel de nueva superpotencia planetaria de China y el del presidente Xi Jinping, un líder que va a durar unos cuantos años, como bien saben en Washington.

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