Empieza nuestra liga

El contraanálisis

Es el momento de tirar de la fe, de pensar que se puede. El entorno contagia tanto o más que una charla de Gianni De Biasi en el vestuario pidiendo a sus jugadores que por favor se lo crean

RAÚL ALÚSTIZA

Aunque alguno no dé crédito al título de este artículo, hay que aceptar la cruda realidad, que por suerte es nuestra gran esperanza. Es el momento donde necesitamos tirar de la fe, de creer que se puede. Y no me estoy refiriendo tanto al equipo como a su entorno, o sea, a nosotros. El entorno contagia tanto para lo bueno como para lo malo, incluso me atrevería a decir que tanto o más que una charla de Gianni De Biasi en el vestuario puesto de rodillas pidiendo a sus jugadores que por favor se lo crean.

Decían de Napoleón que se atribuía la mitad de su ingenio al hecho de que era capaz de calcular con exactitud cuánto tiempo le llevaría conducir una manada de elefantes desde El Cairo hasta París. La otra mitad, a que podía convencer a cientos de miles de individuos para que renunciaran a sus vidas y le ayudasen en la causa. Ese mismo ingenio necesitará el bueno de De Biasi para convencer al entorno alavesista a sumarse a la causa, porque de guiar a los elefantes ya se encarga él.

Estoy convencido de que el Alavés ha sufrido como nadie los rigores de un inicio de calendario complicado. Siempre se suele decir que el reparto de encuentros es igual para todos, algo que no es exactamente cierto. No es lo mismo un orden que otro, un equipo en un momento de la temporada o en otro, con unas circunstancias de los rivales u otras. Y todavía mucho más decisivo, las propias circunstancias de nuestro conjunto y los daños ocasionados por el despropósito de una lamentable pretemporada, consecuencia de una mala política de fichajes, algo que más adelante seguro que se hubiera solucionado.

Nuestro Alavés ha tenido que iniciar la campaña contra muchos de los equipos más fuertes de la Liga. Y por si esto era poco, y por el capricho del destino, te encuentras con algún rival con el que no contabas que en estas fechas estuviera en plena forma, por ejemplo, el Leganés. Si además añades que te enfrentas con varios de los adversarios crecidos por sus victorias en sus encuentros anteriores, como es el caso de hoy, el Espanyol, creo que está todo dicho. Todos sabemos que el miedo de un inicio malo está en que aparezcan las temidas dinámicas negativas y lo costoso que resulta revertirlas. El ejemplo más gráfico es el símil del ciclismo, que mientras los demás llanean, nosotros tenemos que recuperar posiciones subiendo el puerto.

Viendo el último partido contra el Valencia, el Alavés dio una muy buena sensación, algo que ha hecho albergar cierto optimismo en la afición. No sé qué planteamiento tendrá previsto De Biasi, pero una cosa está clara, que le sobran interiores o mediapuntas y le faltan defensas y carrileros. Son las incongruencias del fútbol, resulta que se inicia la temporada con un estilo de entrenador y un tipo de jugadores y luego cambias de técnico y propuesta, pero evidentemente no puedes cambiar de estilo de jugadores. Ahora le toca al míster resetearlos a su idea futbolística.

Por ejemplo, esta tarde no podemos contar con Vigaray, y no tenemos sustituto natural. Por cierto, hubiera sido una oportunidad para que De Biasi contara con algún chaval del filial de Tercera División. Algo que hubiera sido muy importante para dar sentido y credibilidad a muchos proyectos en la estructura deportiva del club que de momento solo son buenas intenciones.

Y qué podemos decir del rival, el Espanyol de Quique Sánchez Flores. Que posiblemente sea el conjunto más traidor de la Liga. Tiene un estilo engañoso, parece que no juega a nada, no da sensación de ser fuerte ni peligroso en algo concreto, pero es bueno en casi todo. Tiene la paciencia para anestesiar a los rivales dando sensación de inocencia, aplicando un medio-repliegue en su primer tercio del campo, basculando en esa zona continuamente en sentido longitudinal y horizontal... Con la mala intención de provocar que el contrario en su proceso de elaboración cometa algún error y aplicar un contraataque de libro o una transición rápida.

Pero su fuerte o con lo que definiríamos el estilo Quique es lo de nadar y guardar la ropa, incluso yo diría que más preocupado por guardar la ropa que por nadar. O lo que es lo mismo, ese rigor que aplica en su juego ofensivo pensando más en lo defensivo. Con posicionamientos que equilibren los balances que hagan imposible que en una pérdida facilite una contra al contrario. No deja de ser un planteamiento algo tacaño por parte de Quique.

Y por cierto, un estilo que me extraña, ya que cuando era jugador del Real Madrid tuvo problemas con el entonces entrenador Capello por enfrentarse y discrepar precisamente con esa idea defensiva y tan a la italiana que quería imponer el Madrid. ¿Será la edad la que le ha hecho cambiar?

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