Elevando el tono

TONIA ETXARRI

Se está disparando tanto el mercurio del termómetro del desafío nacionalista catalán que ayer varios periódicos digitales invitaban a sus lectores a seguir toda la actualidad «en directo en el choque entre el Gobierno y la Generalitat por el referéndum». Tal cual. Pasen, acomódense y vean. Que sigue el lamentable espectáculo. La propaganda secesionista va incrementando la intensidad de su campaña. Y el Estado va respondiendo a través de la Fiscalía exigiendo, por ejemplo, a los colegios que controlen si los menores piensan ausentarse de las clases porque los profesores les convocan para acudir a las manifestaciones pro referéndum. En casos más graves y manipuladores algunos directores de institutos informan a los padres de una huelga «contra la ofensiva franquista del PP».

Ese adoctrinamiento y utilización de los niños, tan propio de regímenes autoritarios, provocará secuelas en quienes están recibiendo una enseñanza tan deformada y manipulada. Pero eso es lo que está ocurriendo en Cataluña. Que los estudiantes han sido educados en el odio a España desde hace mucho tiempo. Por eso no resulta extraño que los universitarios concentrados en el patio de la Central de Barcelona (escenario de tantas persecuciones policiales durante la dictadura, cuando no existía la libertad de expresión) hablen con tanta ligereza del Estado de excepción, desconociendo, para su suerte, qué significa soportar una situación prolongada de ausencia de libertades.

Desde Podemos están agitando esas aguas revueltas, convencidos de que podrán obtener ganancias a corto plazo. Y anuncian balas, botes de humo, y material bélico en general. Que les ‘pone’ la situación por lo visto. Como al fundador de Wikileads, más conocido por haber robado documentos, por haber favorecido a Trump en la campaña contra Hillary Clinton y por haber hecho contrapropaganda del actual presidente francés Emmanuel Macron, que también le gusta pescar en este río del que desconoce casi todo, echando una manita a la Generalitat. Todo es bueno para el convento.

Sobre todo para los de los 300 sacerdotes y diáconos catalanes que se manifestaron a favor del referéndum secesionista. Eso dicen mientras se esparce el incienso, en forma de rumor, de que las urnas están a buen recaudo en las sacristías de unas cuantas iglesias. De confirmarse semejante despropósito se podría decir que la Conferencia Episcopal, con su llamamiento a no actuar al margen de la ley, estaría predicando en el desierto. La desconfianza crece mientras la ciudadanía no movilizada soporta con hartazgo y cierto miedo una situación que les está empezando a parecer ridícula, agónica e interminable.

Lo cierto es que la negación de las autoridades catalanas a reconocer la legalidad del Estado no está facilitando las cosas. La Generalitat y sus socios empeñados en que se celebre el referéndum ilegal, con la ayuda de los ‘ mossos’ , y el Estado dispuesto a impedir el quebranto de la ley recordando a la policía autonómica catalana que no existen dos legalidades sino una, la Constitucional, a la que se deben. Si la Generalitat y la presidenta del Parlamento catalán se pasan la pelota, como un ‘boomerang’, a la hora de asumir la proclamación unilateral de la independencia, eso quiere decir que acabarán en las urnas. En nuevas elecciones autonómicas.

El desafío de Puigdemont ha fracturado a la sociedad catalana. ¡Quién nos iba a decir que dos canciones como ‘Mediterráneo’ y ‘la Estaca’, cuarenta años después, acabarían enfrentando a dos sectores de una misma sociedad.

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