Son elecciones, las llamen como las llamen

Olatz Barriuso
OLATZ BARRIUSO

Llegamos a una nueva jornada clave en el tortuoso camino del soberanismo catalán hacia nadie sabe dónde. Hoy expira el plazo definitivo para que Puigdemont desista, por activa o por pasiva, de la pataleta independentista y evite así medidas traumáticas que solo agudizarán el clima de inestabilidad política, económica y social en Cataluña. Son tan pocas las ganas del Gobierno de Mariano Rajoy de aplicar el 155 y asumir el control en Cataluña que hasta marca el camino al president de manera nada sibilina: convoque usted elecciones y nos olvidamos del asunto. Pero para el bloque secesionista llamar ahora a las urnas por la vía ordinaria sería tanto como asumir el estrepitoso fracaso de su ‘hoja de ruta’, pese a ser conscientes de que ésa es la mejor solución para desbloquear una situación lacerante que está provocando una auténtica sangría económica y empresarial, dividiendo en dos mitades a los catalanes y comprometiendo el futuro inmediato de una comunidad aún en fase de recuperación de la crisis financiera.

Conque llegados a este punto, solo cabe esperar que, una vez neutralizada el ala moderada del PDeCAT, el president opte por poner la declaración unilateral de independencia (DUI) encima de la mesa para, acto seguido, dejar su gestión en manos del Parlament que emane de unas elecciones convocadas más o menos a la vez con el sambenito de ‘constituyentes’, tal como prevé la suspendida ley de transitoriedad. La CUP ya ha advertido de que solo admitirá unos comicios que lleven ese apellido.

Pero, ojo, ¿en qué se diferencian unas elecciones constituyentes de unas autonómicas corrientes y molientes? Pues básicamente en nada, salvo en que serán presentadas por el soberanismo como la puerta hacia la redacción de la nueva Constitución de la hipotética república naciente. Las fuerzas independentistas podrían concurrir con esa Carta fundacional como único punto del programa, por ejemplo, pero, al final, presentarán listas de candidatos que, a su vez, se convertirán en los nuevos representantes de la voluntad popular. O sea, como siempre.

Lo verdaderamente relevante de esos comicios, que se convocarán sí o sí en breve plazo, seguramente con vistas a diciembre, es si los partidos soberanistas concurren juntos, como en septiembre de 2015, o por separado. Si el Ejecutivo de Rajoy, el nacionalismo institucional vasco y todos los partidarios de restablecer el orden confían en esa última posibilidad es porque saben que ERC la promueve para aprovechar su ventaja y la descomposición de los neoconvergentes. Eso abriría la puerta a nuevas alianzas transversales y ayudaría a todo el mundo a rehacerse. A estas alturas, sin embargo, no parece posible una convocatoria electoral sin DUI y, por lo tanto, sin 155. Pero no hay que descartar que el Gobierno de Rajoy utilice esa facultad constitucional para anular la secesión pero permita unos comicios que, de convocarlos Madrid, serían sistemáticamente boicoteados por el independentismo.

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