¿Elecciones anticipadas?

La opción de disolver el Parlamento y evitar el 155 limita el margen de Puigdemont para persistir en el rupturismo

EL CORREO

El anuncio del Gobierno de que aparcará la aplicación del artículo 155 de la Constitución si el presidente de la Generalitat convoca elecciones anticipadas ofrece una salida a Carles Puigdemont para escapar, sin medidas excepcionales de por medio, del atolladero en el que el mismo se ha metido. Entre adelantarse a la habilitación de ese artículo por el Senado mediante la disolución del Parlamento catalán y declarar de forma unilateral la independencia para acabar también en las urnas poco después, resulta evidente que la primera de las opciones es la que permitiría rebajar la alta tensión acumulada en los últimos meses. Sin embargo, puede no ser la elegida finalmente. El PDECat -los restos de la antigua Convergencia- avaló anoche que Puigdemont declare la independencia si Rajoy pone hoy en marcha el 155. Es decir, dio la vuelta al calcetín al requerimiento del jefe del Gobierno. Este solo dará ese paso, con el apoyo del PSOE y Ciudadanos, si el líder catalán confirma que proclamó la ruptura con España en el pleno del Parlamento catalan de la pasada semana o se empeña en no aclarar un asunto tan crucial. La estratagema del nacionalismo catalán podría ir acompañada, unos días después de la eventual aplicación del 155, de un adelanto electoral en unas condiciones más ventajosas, a su juicio, para sus intereses. Una inmediata llamada a las urnas no es en sí misma la solución: bastaría con que se produjeran unos resultados similares a los de 2015 para que se volviese a las andadas de la espiral secesionista. En todo caso, tras el desafío contrario a cualquier legalidad que ha llevado a Cataluña al borde del precipicio y cuyos efectos ya son apreciables -fuga masiva de empresas, desplome del turismo...-, está por ver si las urnas revalidan o no la apretada mayoría independentista causante de esa situación. También los efectos de los eventuales cambios de liderazgo en algunas formaciones, como el PDeCAT. El mero hecho de citarse en unos nuevos comicios generaría debates y disensiones en los partidos que han protagonizado la escalada independentista, que habrían agotado la legislatura sin lograr los objetivos propuestos. Además, aun en el caso de que la convocatoria se planteara en clave plebiscitaria, daría lugar a un paréntesis electoral que podría moderar las posturas más extremas. Todo ello no despeja las dudas acerca de si la tensión a la que está sometida la vida pública en Cataluña dibuja las condiciones idóneas para una campaña que devuelva el rumbo del país a la esfera de la política y de la democracia representativa. A medida que el adelanto electoral emerge como la menos mala de las salidas posibles, Puigdemont y su partido se quedan sin argumentos y sin margen de maniobra para dejarse llevar por la inercia de la espiral rupturista. Sería paradójico que decidieran resistirse a la disolución del Parlamento y abocar a la autonomía catalana a ser intervenida por una resolución del Senado.

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