Eficacia en la frontera

Que la migración multiplique lindes y tragedias en el Mediterráneo no es excusa para que la UE se desentienda de Ceuta y Melilla

EL CORREO

La frontera de Ceuta ha sido escenario, en el plazo de una semana, de tres intentos masivos para acceder a un país de la Unión Europea por parte de inmigrantes subsaharianos. El 2 de agosto, 67 lo consiguieron, anteayer 187 lograron atravesar a la carrera el paso de El Tarajal, y ayer unos mil acabaron retenidos entre la primera y la segunda valla gracias a la actuación de fuerzas marroquíes y de la Guardia Civil. El éxito final depende de la azarosa concurrencia entre la indolencia marroquí, las carencias de información o la información engañosa que manejen las autoridades españolas y la falta de recursos materiales y humanos para contener una marea tan imparable.

El reforzamiento del control sobre la frontera de Ceuta y de Melilla no es la única medida que se requiere para afrontar el reto migratorio, pero es imprescindible para poder operar con eficacia en otras vertientes. Quienes intentan saltar a España como puerta de acceso a Europa por esos dos puntos lo hacen porque no pueden permitirse otra vía económicamente más costosa, en tanto que más directa, de paso. Al final de su periplo por el continente africano no les queda otro remedio que integrarse en el enésimo intento de asalto a la valla o al paso fronterizo, guiándose por lazos de procedencia o étnicos y sus correspondientes liderazgos, más o menos remunerados. Las miradas y gestos desafiantes que muestran en el empeño final, así como su actitud ofensiva y hasta violenta, tienen que ver con la desesperación. Con la convicción de que están en su derecho de aspirar a una vida mejor sin que ningún congénere se lo impida. Es, además, presumible que algunos de los que se acercan a Ceuta y a Melilla desde el Sur cumplen con los requisitos del asilo cuando huyen de la persecución, sin causa que la justifique en términos democráticos.

El control de fronteras es imprescindible, pero su cierre no puede ser la única respuesta que ofrezcan la Europa de las libertades ni la España de la solidaridad al incesante incremento de las entradas que reclama la extrema necesidad. Que el acceso a una vida mejor o a la propia supervivencia multiplique lindes y tragedias en el Mediterráneo no puede convertirse en la excusa perfecta para eludir responsabilidades precisas en cuanto a los pasos de Ceuta y Melilla.

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