Efectos de la desmesura

El galimatías independentista es de tal calibre que no ofrece la suficiente solvencia como para asumir el Gobierno de la Generalitat

Efectos de la desmesura
EL CORREO

El independentismo catalán es un fenómeno sobre todo reactivo, que se muestra unido frente a los adversarios interiores y, sobre todo, contra los poderes del Estado constitucional. Aunque sus ideas son legítimas, la puesta en práctica de actuaciones que desbordan la legalidad y desdeñan el pluralismo acaba afectándolas, en tanto que la opción secesionista aparece asociada de forma obligada a la ruptura y el exclusivismo. De ahí que las taras que presenta la secesión se vuelvan contra sus promotores. Las elecciones del 21-D concedieron mayoría parlamentaria al independentismo. Si este -dividido entre Puigdemont, ERC y la CUP- se debate sobre la fórmula para gobernar la Generalitat no se debe solo a la existencia de intereses partidarios o personales contrapuestos. Sus disensiones son también consecuencia de su obstinación por seguir una hoja de ruta imposible de cuadrar en el marco jurídico vigente. Sea en la legislación general, o en las normas de funcionamiento de las instituciones catalanas. El independentismo se ha aferrado al victimismo, a la esperanza de que la confrontación con el Estado despejaría todas sus incógnitas y superaría sus contradicciones. De ahí que Junqueras -que declaró ayer ante el Supremo y hoy sabrá si sigue en prisión- no haya podido revelar las circunstancias en que Puigdemont salió hacia Bélgica acompañado de consejeros también de ERC. Mientras, el resto del Ejecutivo que el secesionismo dice querer ‘restituir’ se encuentra en la cárcel o actuando políticamente dentro de los márgenes de su condición de investigados. El galimatías independentista es de tal calibre que, hoy por hoy, no ofrece suficiente solvencia como para asumir el Gobierno de la Generalitat. Ni es capaz de detallar cuál será su representación en el Parlamento que se constituya el 17 de enero, ni de soslayar las dificultades legales que sus principales candidatos encuentran para personarse. Gana enteros la eventualidad de que la Generalitat acabe en manos de personas interpuestas, lo que daría lugar a una legislatura de provisionalidades, institucionales y partidarias. El carácter reactivo del independentismo se basta para asegurar que la Mesa del Parlamento continúe en sus manos. Pero el ‘empate infinito’ no es sólo resultado del equilibrio entre independentistas y no independentistas. Es también la fotografía de la liza irresuelta entre ERC y las derivaciones ‘convergentes’.

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