Echar el cierre

MANUEL ALCÁNTARA

Todos los antidisturbios de la zona, cuyo número es muy inferior al de los perturbadores, han sido movilizados para vigilar la valla, después de la entrada en tromba de los 187 subsaharianos que burlaron la frontera de El Tarajal. Los atletas del hambre no necesitan entrenamiento. Están preparados para seguir batiendo sus propias plusmarcas mientras el Gobierno reorganiza el control de la valla. Durante una semana, el paso de mercancías y portadores permanecerá cerrado y únicamente se permitirá el tránsito de particulares, a pie o en sus vehículos. Ceuta, que era como la hermana pequeña de Málaga que se le escapó de la mano para ver el mar desde la otra orilla, ha cerrado la frontera por fallos de seguridad, mientras Rajoy insiste en que el turismo es nuestra principal riqueza. En los montes cercanos aguardan cientos y cientos de sin papeles que intentan entrar en el enclave español sin cambiar de patria. El Ministerio del Interior asume dos cosas: que han fallado los dispositivos de control y que no pueden seguir fallando una vez detrás de 0otra. Por lo tanto hay que cerrar la frontera a quienes son los mismos que nosotros, aunque vean el horizonte desde el otro lado.

A ninguna persona le ha sido dada la facultad de escoger el sitio donde le hubiera gustado nacer o vivir. Si se pudiese elegir habría aglomeraciones, pero están mal vistos los turistas porque «hay que vigilar el perímetro». Los miembros de los colectivos juveniles independentistas han distribuido pegatinas con mensajes tan poco hospitalarios como «El turismo mata» o «Este coche sobra». Creen, como Pascal, pero por motivos muy diferentes, que todos nuestros males provienen de no saber quedarnos en casa. Incluidos los que no tienen casa, porque siempre hay gente que no se conforma con lo que no tiene.

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