Dudas sobre el empleo

EDITORIAL

La fuerte caída de la afiliación en agosto, la mayor desde 2008, refleja la temporalidad predominante en el mercado laboral

EL CORREO

Como sucede en agosto, las cifras del paro son malas y, hasta cierto punto, inquietantes, al reflejar con claridad la fuerte temporalidad del empleo y la trascendencia excesiva del cuasi monocultivo turístico a la hora de paliar el todavía inabarcable desempleo, que duplica el promedio de la Unión Europea. En efecto, el número de personas sin trabajo registradas en las oficinas de empleo del país ha subido en agosto en 46.400, lo que supone un incremento del 1,4% en relación con el mes anterior. En Euskadi, una comunidad no tan dependiente del turismo, la cifra de parados aumentó en 2.338 personas, un 1,8% por encima del agosto de 2016. Si la destrucción de empleo ha sido aparatosa en el País Vasco y en el conjunto del país, aún son peores los datos de la afiliación media a la Seguridad Social. Se han perdido 179.500 cotizantes, (12.000 en Euskadi) hasta los 18.309.800 ocupados; lo que significa la mayor caída registrada en un agosto desde 2008, y la más elevada desde enero de 2016 (204.000) para cualquier mes. No obstante, el porcentaje de afiliados es un 3,45% superior a los 17.700.000 de agosto del año pasado. Estos números, que modulan la evidencia de que con el fuerte crecimiento económico el paro va descendiendo, confirman la tesis de los sindicatos de que ese objetivo se logra con un empleo sumamente precario, lo que parece indiscutible. Sólo 7,5 de cada 100 contratos firmados en estas fechas son indefinidos, de los que casi la mitad son a jornada parcial. En suma, la evolución del mercado de trabajo en agosto ha decepcionado al mostrar un peor comportamiento que en otros meses de agosto anteriores, y por la debilidad que refleja. La euforia producida por la evidencia objetiva de que la tasa de paro va bajando año tras año no debe impedir observar, en efecto, deficiencias cualitativas en este proceso, en gran medida a causa de que no se ha hecho evolucionar el viejo modelo productivo. El turismo, que reclama a gritos una reconversión para estabilizarlo y reducir la temporalidad, sigue siendo el gran motor de la economía. Pero muy poco se hace en materia de formación, I+D, etc., para avanzar en otros sectores económicos que incrementen la productividad y faciliten una mayor participación de las rentas salariales en la riqueza nacional.

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