El director del partido

Es una pesadilla el exfutbolista de la Real Antoine Griezmann, por el que suspiró Bielsa aún sabiendo que era un deseo prohibido

Jon Rivas
JON RIVAS

Como persona responsable que intento ser, nada más comenzar el partido en San Mamés mi vista se va con preocupación, a eso que ahora se llama la ‘U’ televisiva, y que toda la vida fueron las tribunas de gol y la Este. Respiro al comprobar que la grada está llena y esos personajes de traje y corbata que se ha inventado Tebas para sacar del paro a la gente y que se llaman directores de partido, enviarán las fotos espía desde su Ipad mini para asegurar que todo está correcto, porque lo que ahora le importa a la Liga es que en China o en Qatar vean las gradas llenas, viva el cinismo.

El fútbol ya no es ni siquiera un espectáculo, sólo un escenario. Esto se está llenando de majaderos -y majaderas- en relación directamente proporcional al dinero que entra en la saca. Me estoy pensando seriamente comprar un maniquí para que el club lo coloque en mi localidad el día que, por fuerza mayor, no pueda ir. Porque ahora la devoción se ha convertido casi en obligación por intervención divina de los responsables de la LFP, ¿en qué manos estamos?

Pensando en lo de la ‘U’, el primer tiempo corre que vuela con el mejor Athletic que hemos visto en la era Ziganda, frente al primer rival verdaderamente exigente que ha pasado por San Mamés. En un partido así es difícil controlar siempre lo que hace el contrario y más si anda por ahí Griezmann, con ese incalificable ¿arreglo? capilar. Cualquier error puede resultar letal, y eso que Arrizabalaga sigue muy puesto. De hecho, ayer se juntaron en San Mamés los dos mejores porteros del campeonato. Si el ondarrutarra renueva de una vez será la felicidad completa. Lo hubiera sido también si en el minuto 40 no hubiéramos visto cosas que vosotros no creeríais, como atacar naves en llamas más allá de Orion, por eso de que vuelve ‘Blade Runner’, o a Aduriz fallando un penalti. Pero estaba Oblak, que, como Kepa, también se las trae.

Y cuando se fallan las oportunidades frente al Atlético de Madrid te expones a columpiarte en un precipicio, a que la defensa se quede mirando el peinado de Griezmann, que sin traje ni corbata suele ser, él sí, director del partido, y que el francés aproveche para meter un pase de los suyos que acaba en gol, y que vuelva a repetir un rato más tarde y el Atlético haga el segundo.

Técnicamente, los cambios de Ziganda llegaron tarde, aunque habrá que explicar que Williams y Beñat estaban ya preparados cuando marcó Correa, una fatalidad, digamos; un lance del juego con Griezmann de por medio. Es una pesadilla el exfutbolista de la Real por el que suspiró Bielsa aún sabiendo que era un deseo prohibido.

A falta de un cuarto de hora, Simeone y los suyos tenían el partido liquidado, justamente donde querían, así que empecé a preocuparme de nuevo por la ‘U’ televisiva y las deserciones que empezaban a producirse en la grada y que tan mala imagen podían dar en Qatar o en China, países que se disgustan mucho cuando ven cemento en las tribunas. Afortunadamente para el Athletic, cuando los huecos se hicieron evidentes y Raúl García marcó en el descuento, a los directores del partido se les había agotado la batería del Ipad. Lástima de penalti.

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