Más diferencias que unidad

El deseo de la izquierda de impedir que el PP se perpetúe es insuficiente para dar solvencia a una eventual plataforma conjunta

EDITORIAL

La aparición de Actúa, la formación liderada por Baltasar Garzón y Gaspar Llamazares, podría adquirir importancia en el panorama de las izquierdas en España. El motivo confeso de su fundación es promover la unidad de las izquierdas para impedir que su división siga concediendo las llaves del Gobierno al PP. Actúa hace hincapié en los votos que se dejó atrás la coalición entre Podemos e IU en las elecciones de junio de 2016 y en los apoyos perdidos por el PSOE que permitió la investidura de Rajoy. Como si Garzón y Llamazares poseyeran la clave para unificar la izquierda sociológica frente a los intereses divergentes de las organizaciones ya consagradas. Actúa se propone servir de catalizador para una mayoría de gobierno ‘a la portuguesa’ persuadiendo al PSOE, a Podemos y a las alternativas propias de Cataluña, Comunidad Valenciana y Galicia para que conformen candidaturas comunes que optimicen el voto de izquierdas en sus respectivas circunscripciones. El problema estriba en que hay serias dudas de que tal suma no acabara convirtiéndose en una resta, puesto que es prácticamente imposible conducir los desafíos que tiene ante sí la sociedad y sus posibles salidas hacia una confrontación ideológica sin matices entre izquierda y derecha.

A ello se añade el hecho de que la capacidad persuasiva de Actúa depende fundamentalmente de su disposición a concurrir en solitario a las próximas generales. Es imposible sostener la idea de una plataforma política unitaria que concurra como tal a unos comicios si no se está en condición de procurarla con escaños propios una vez que se abran las urnas. La diversa interpretación y alcance que los distintos responsables del PSOE y de Podemos han dado al Gobierno de coalición suscrito para Castilla-La Mancha entre ambas formaciones es un ejemplo elocuente de las disonancias que afectan a cada una de las siglas a cuenta de la unidad de la izquierda. El pragmatismo a dos voces empleado para explicar el acuerdo castellano-manchego denota que solo un objetivo compartido puede abrir camino a la confluencia entre todas las izquierdas: impedir la perpetuación del PP en el poder. Un propósito insuficiente para dar solvencia programática y de gobierno a la unidad entre opciones tan diferentes.

Crecen los 'ninis'

España es, después de Chipre, el Estado miembro de la UE en el que más creció el número de ‘ninis’ -jóvenes de 20 a 24 años que ni estudian ni trabajan- entre 2006 y 2016, según el Eurostat. El aumento español fue del 21%, por detrás de Chipre (22,7%). También es superior a la media de la UE, que en 2016 se situó en el 16,7%, y la sexta más alta de los veintiocho socios comunitarios. Los jóvenes españoles en esta situación son algo más de 1,5 millones. El PP y Ciudadanos pactaron la concesión de ayudas a los ‘ninis’ que encuentren trabajo y en junio la ministra Báñez avanzaba la concreción del acuerdo: en principio, las aportaciones serán de 430 euros al mes durante un máximo de 18 meses. Se concederán a los menores de 30 años desempleados que consigan un contrato de formación y aprendizaje. La subvención se completará con una bonificación de las cotizaciones sociales cuando esos compromisos temporales se conviertan en indefinidos. Los ‘ninis’ deben estar inscritos en el programa de Garantía Juvenil para que la UE financie las ayudas, que sin embargo ya cuentan aquí con partida presupuestaria. Es claro que la redención de los ‘ninis’ es una urgencia preferente. Y las ayudas ya habilitadas no deberían impedir la implementación de políticas activas que mejoraran la formación en el último tramo y a la salida del ciclo educativo para facilitar la empleabilidad.

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