Diálogo y ley

EDITORIAL

Sánchez escenifica el inicio de una nueva etapa en las relaciones con la Generalitat y aclara a Torra sus límites antes de recibirle en La Moncloa

Diálogo y ley
EL CORREO

El autodenominado Consejo de Ministras y Ministros que preside Pedro Sánchez se estrenó ayer con el firme propósito de visualizar el arranque de una nueva etapa en las relaciones con el independentismo catalán. De ahí el empeño del Gobierno socialista en presentar como un mensaje de distensión el levantamiento del control previo de las cuentas de la Generalitat, una medida que había decaído de hecho con el final del 155 y solo estaba pendiente de la orden dictada ahora a los bancos. Se trata de una evidente sobreactuación, quizá fruto de un desmesurado interés en destacar su mano tendida y marcar distancias con el PP. Quim Torra cometerá un error si interpreta como un signo de debilidad la predisposición del presidente a recibirle «pronto» en La Moncloa dentro de una ronda de entrevistas con los líderes autonómicos, se atrinchera en un imposible desafío al Estado de Derecho y desdeña los cauces para mejorar el autogobierno dentro de la ley. La portavoz Isabel Celaá no pudo ser más clara al advertir que el Ejecutivo aborda la crisis catalana «con la Constitución en una mano y el diálogo en la otra», y que la secesión quedará «absolutamente fuera» de las conversaciones con la Generalitat. Los ataques del PP y Ciudadanos por lo que parece un simple trámite ponen al Gobierno ante el espejo de la precariedad con la que encara los dos años que restan de legislatura. También las ácidas críticas de Podemos, más cómodo en el papel de azote opositor al «arrogante» Sánchez que en el de posible aliado tras alfombrarle el camino hacia La Moncloa. Llama la atención la aparente renuncia del presidente a esbozar algo parecido a un programa de Gobierno con objetivos concretos y líneas de actuación. La carta que entregó ayer a todos sus ministros aporta algunas pistas, pero no deja de ser un cúmulo de vaguedades. El respeto a la estabilidad económica y presupuestaria tranquiliza a los mercados, aunque había que darlo por supuesto. Su llamamiento a priorizar un diálogo «sin exclusiones» no es una opción, sino una obligación si el Gobierno con menor respaldo parlamentario desde el inicio de la democracia quiere aprobar cualquier reforma legal. Y el «compromiso con la igualdad» y la lucha contra la discriminación, «singularmente la que todavía padecen las mujeres», una batalla ineludible y digna de aplauso, aunque habrá de traducirse en hechos. A falta de escaños, resulta sintomático que Sánchez haya optado por un experto en marketing político como su 'mano derecha'. Hay que desear que no sea el preludio de un mandato plagado de golpes de efecto y vacío de realidades.

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