Devolver la llamada

La Policía identifica#al autor del falso aviso de bomba en 'La Paloma'

Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

En la delincuencia, como en casi todo, también hay grados. Eso explica que no reservemos similares niveles de animadversión para todo aquel que infringe la ley. Por ejemplo: nos cae peor el desalmado que arrastra a un anciano por el suelo para robarle unos billetes que quien roba el tren de Glasgow sin necesidad de hacer daño a nadie. Sin embargo, no es tan simple. No siempre reservamos más desprecio para quien más fuerza emplea. Es posible que la estupidez, puede que la maldad, probablemente una mezcla perversa de ambas, consiga repugnarnos todavía más que la violencia.

La Guardia Civil ha identificado al individuo que el pasado 5 de julio hizo varias llamadas dando una falsa alarma de bomba en el aeropuerto de Loiu, señalando a los aviones de una compañía en concreto. Aquellas llamadas resultaron lo suficientemente creíbles y provocaron un despliegue de recursos policiales y unas horas de tensión. Aun siendo falso, el aviso pudo prender en ese combustible imprevisible que es el pánico. Lo que puede suceder a partir de ahí es siempre imprevisible. Quien hace ese tipo de llamadas lo sabe y debería situarse en ese punto su responsabilidad.

Hace ocho años años alguien dio un aviso de bomba en nombre de ETA nada menos que en el PIN y nada menos que un 23 de diciembre. El BEC se desalojó de un modo ordenado y no sucedió nada. La alarma era falsa. Pero pensar en lo que puede pasar en estos casos, también si no hay bomba, todavía provoca un escalofrío. Hay razones de sobra para ello. En 1912 una mujer gritó «fuego» en el Teatro-Circo del Ensanche y originó una de las mayores catástrofes que recuerda esta ciudad. El pánico y las avalanchas terminaron con cuarenta y seis niños y tres adultos muertos.

Las autoridades tienden a no hablar demasiado sobre esta clase de llamadas perversas. Puede entenderse. La naturaleza humana incluye también la posibilidad del pozo séptico imitativo y siempre es mejor no dar publicidad a los canallas. Sin embargo, no parece mala idea que, quien pueda sentir la tentación de levantar el teléfono y jugar a ver si hay suerte y se desencadena el drama, tenga claro que el juego puede salirle mal e implica un precio. Ojalá sea muy alto. Invocar la desgracia debería parecerse bastante a provocarla.

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