El despertar de la mayoría

La movilización conjunta constitucionalserá difícil mientras persistan los complejos

TONIA ETXARRI

La viñeta del humorista Forges en la que se podía ver a su protagonista gritando en casa ‘prou cés’ (prou en catalán quiere decir ‘basta’) reflejaba el agotamiento y el hartazgo de quienes no tienen nada que ver con el activismo desatado por la Generalitat y sus socios. Los que no tienen la capacidad de movilización de los independentistas, a pesar de ser mayoría. A medida que pasan los días y se tensa más el pulso entre la Generalitat y el Estado de Derecho cunde la sensación de que lo que vaya a ocurrir el 1-0 no se parecerá en nada a una consulta. Pero hay que llegar a esa fecha. Sin demasiadas heridas para recomponer el paisaje después de esta batalla entre la legalidad y la insumisión, entre el Estado y quienes han dado un golpe a la Constitución antes incluso de llegar al 1 de octubre. En estos días, a los diputados silenciados, funcionarios coaccionados y alcaldes presionados de los que se ha olvidado su Defensor del Pueblo al denunciar al Estado por una posible vulneración de los derechos fundamentales, no les libra nadie de la coacción continuada. Desde que 75 alcaldes dieron un paso adelante diciendo que no iban a facilitar la votación en el referéndum ilegal, no han tenido momentos de paz. Son menos visibles que los 712 que exhibieron sus varas de mando en la concentración favorable a la consulta de Puigdemont. Pero gobiernan a casi dos millones de ciudadanos. Entre ellos figuran los alcaldes de dos capitales tan importantes como Lleida y Tarragona. Las amenazas que están recibiendo a diario, además de las directas de la Generalitat, son perfectamente descriptibles pero intolerables en los tiempos que vivimos y que nos retrotraen, en Euskadi, a las etapas en las que el fanatismo campó a sus anchas intimidando a los ciudadanos discrepantes. Ni en esas circunstancias el Gobierno vasco de turno se atrevió a llegar tan lejos como la Generalitat. Y no estamos hablando de coraje sino de autoritarismo. Por eso resulta pertinente reconocer que nos encontramos ante el mayor desafío que un Gobierno autónomo ha planteado al Estado desde que estamos en democracia.

Los alcaldes empiezan a sentirse acompañados. De momento, con los firmantes de tres manifiestos o declaraciones solemnes. La de las asociaciones de jueces es de capital importancia. Conscientes de la gravedad del momento, las cuatro asociaciones mayoritarias que representan a 5.200 jueces y magistrados aclaran a los sufridores contribuyentes que no están obligados a cumplir las leyes de quienes se las saltan.

El de los doscientos profesores de Derecho Constitucional. Juristas de toda España que advierten de que el referéndum vulnera la Constitución y no está contemplado en el Derecho Internacional. O el de los mil intelectuales de izquierdas que hacen un llamamiento a no participar y no votar en «la estafa antidemocrática».

Habrá más. Pero la movilización conjunta, mientras siga la izquierda con ese complejo escénico para apoyar al Gobierno en la defensa de la legalidad, se adivina más difícil. Pedro Sánchez responsabilizando a Rajoy de la falta de diálogo obviando que el problema anidó hace años, cuando ya gobernaba Zapatero, por ejemplo. El sintagma de la unidad española ha venido asociado a la derecha y a la herencia de Franco promovido por el nacionalismo y utilizado por la izquierda. De ahí la manipulación. En el acto celebrado en Madrid para promocionar el referéndum se llegó a comparar España con una dictadura.

En la manifestación de Bilbao, los representantes del PNV desfilaron delante de una pancarta en la que se podía leer ‘Democracia’. ¿De verdad que el alcalde Aburto, por ejemplo, cree que vivimos en un país sin libertades? La participación del PNV en esa manifestación sigue generando polémica. Los nacionalistas son favorables a un referéndum de autodeterminación, pero no de esta forma. Por eso se reparten los papeles. El lehendakari Urkullu subrayando la falta de garantías debidas. Y sus compañeros de partido ocupando un espacio que se lo quiere arrebatar la izquierda abertzale. El PNV se ha vuelto a ubicar en el pragmatismo. Pero jugar en las dos porterías tiene su riesgo. Al PSE no le ha gustado la maniobra de la manifestación. Idoia Mendia le pide que no eche por la borda su pacto. Pero los socialistas catalanes, tan firmes contra el referéndum, no piensan romper su apoyo a Ada Colau en Barcelona. No llegará la sangre al río. En estos pactos, se entiende.

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