'Despacito' pero sin letra

Tonia Etxarri
TONIA ETXARRI

La iniciativa de Emakunde al dar un toque de atención denunciando, por exclusión, los mensajes machistas que puedan llegar a tener alguna influencia en las agresiones sexistas, está cargada de buena intención. Pero se queda corta (tan solo se han fijado en las canciones) y resulta contradictoria en sus explicaciones (si quieren dar visibilidad «a la música que hacen las mujeres» no se entiende que Shakira se quede fuera de las recomendadas) y da por hecho que los ciudadanos no tienen criterio propio para discernir entre lo que escuchan y sus propios actos.

Por lo menos están consiguiendo que se hable de la idea del Instituto Vasco de la Mujer allende nuestra fronteras, y no hay mal que por bien no venga. Pero ha sorprendido tanto la iniciativa de publicar una 'guía' de canciones consideradas políticamente correctas que sus promotoras han tenido que matizar que no se trata de prohibir nada. Faltaría más. Ni que estuviéramos sometidos a regímenes bananeros donde el Estado 'protector/interventor' se encarga de decidir cómo piensan, visten, qué cantan y qué no comen sus ciudadanos. Nada de eso. Solo nos guían de la mano con una lista TOP de 200 canciones favoritas de las que quedan excluidas, curiosamente, las más escuchadas y bailadas este verano, por considerar que su letra es machista.

Queda fuera, pues, 'Despacito' con su 'sabes que ya llevo un rato mirándote/ tengo que bailar contigo hoy / tú eres el imán yo soy el metal / quiero respirar tu cuello despacito'. Descalificada. Como 'Súbeme la radio', de Enrique Iglesias, con su 'tráeme el alcohol que quita el dolor / vamos a juntar la luna y el sol'.

Otras letras de canciones que incitan al odio, a la degradación del ser humano o ensalzan el terrorismo, por supuesto que deben ser repudiadas. Sobre todo por ser constitutivas de delito. Pero no parece que la gente se haya visto incómoda con las canciones del verano.

Si lo que pretende Emakunde es hacer sonar la alarma ante las agresiones sexistas (en fiestas se multiplican) quizá tendría que haber dado dos pasos más. Uno, para centrarse y denunciar el consumo ilimitado de alcohol y drogas durante las fiestas (que muchas veces son la mecha que provoca los malos tratos) y otro para citar las películas y series de TV que incitan a la violencia. Por ejemplo.

A mí me encanta recordar a Mari Trini. Pero recomendarla, a estas alturas y pensando en las orquestas y bandas de las plazas de los pueblos... Me resulta difícil imaginar a la 'peña' entusiasmada con 'Yo no soy ésa' que cantábamos las chicas en la universidad hace más de treinta años. Sin embargo, las canciones de Luis Fonsi y Enrique Iglesias las he visto coreadas, jaleadas y bailadas durante todo el mes de julio. Curiosamente, casi nadie se sabía la letra. Tan solo los grupos de jóvenes y maduritos se veían arrastrados por la música pegadiza y 'regeetona'. Unos iban 'Despacito, pasito a pasito' y otros se bajaban 'La radio'. Y a partir de ahí venía el 'la,la,la' de turno.

Dada la dificultad de nadar a contracorriente, cabe una solución. Que Emakunde 'indulte' estos éxitos de verano con un matiz. Entonar el 'Despacito' solo con la música que es, en realidad, lo que atrapa. En política se ha recurrido en alguna ocasión a una solución similar para desenredar nudos 'gordianos'. El del himno de Euskadi, por ejemplo. El PNV logró imponer el de su partido, el 'Gora ta gora', a toda la Comunidad Autónoma Vasca porque quitó la letra compuesta por Sabino Arana. Y el Parlamento aprobó la melodía.

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