La deshora

La deshora
Manuel Alcántara
MANUEL ALCÁNTARA

Anadie se le hace tarde si lo que tiene pensado es no llegar en punto para la cita, porque no está entre sus proyectos acudir a ella. Al tiempo, que es nuestra materia prima, le traen sin cuidado los almanaques mientras el separatismo insiste en desafiar la ley y pacta la elección del prófugo Puigdemont. El expresident ya ha convencido a ERC para ser investido por vídeo en contra de los letrados, que nunca saben leer la letra pequeña de los contratos. Los que creen que la desunión hace la fuerza siguen sin tener en cuenta las cifras de la caída en Cataluña tras el referéndum ilegal. Cerca de un millón de turistas extranjeros que visitaron esa región, tan imprescindible como todas, pero más ruidosa que ninguna, no desea volver a ella. «¡Pónganse de acuerdo!», han venido a decirnos, mientras Puigdemont y la amplia tribu separatista desafía la ley, convencidos todos de que pueden derrotarla.

A todo esto, que muchos creen que es más de lo soportable, el ministro de Economía, Luis de Guindos, revela que en caso de no haberse realizado el rescate bancario, España se habría visto obligada a salir del euro, o sea, a jugar fuera de su campo, donde los hinchas son apedreados por los partidarios del equipo contrario. Los empleados y los jubilados perderán este año más de medio punto de lo que llamamos «poder de compra que equivale a poder vivir». Los que tenemos autoprohibido el desánimo estamos sinceramente hartos de agacharnos para recogerlo del suelo una vez y otra. Los precios crecen más que las nóminas y eso, que dicho así parece que no es nada, es todo. Representa el hambre para muchos hogares más o menos distantes y distintos del nuestro. Les llamamos desfavorecidos, porque nos da vergüenza llamarles desgraciados.

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