Desencuentro letal

Las exigencias de Puigdemont a Rajoy y las desconfianzas entre ambos impiden un acuerdo cada vez más difícil

Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

Kafka parece Santa Teresa en comparación con lo vivido hoy en Cataluña». Difícil resumir con más acierto y menos palabras de las empleadas por Inés Arrimadas, la joven portavoz de Ciutadans en el Parlament, la montaña rusa que ayer se vivió en torno al desafío del secesionismo catalán al Estado.

En los muchos lustros de profesión que he dedicado a ejercer el periodismo y el análisis políticos he asistido y contado decenas de pactos de última hora que se decían imposibles y que, sin embargo, finalmente se concretaron. Pero no recuerdo tamaña sucesión de despropósitos en tan pocas horas.

El día amaneció con Cataluña dirigiéndose hacia la declaración unilateral de independencia (DUI) con el bloque secesionista y el Govern cada vez más cuarteados. A mediodía parecía que Carles Puigdemont se disponía a dar el paso determinante para evitar la suspensión del autogobierno catalán: la convocatoria de elecciones autonómicas anticipadas para el 20 de diciembre.

Pero con el frente independentista roto ya en mil pedazos, las exigencias del president al presidente, que eludió desvelar, y la desconfianza entre ambos llevaban al inquilino del Palau de la Generalitat a dar marcha atrás. Lo hacía cuando por la ventana de su despacho se colaban ya los primeros gritos de ‘traidor’ de cientos de estudiantes ‘indepes’ concentrados en la plaza de Sant Jaume.

La primera luz que asomaba en mucho tiempo en el ‘procés’ quedaba abortada. Una luz que se había logrado encender tras horas de mediación, entre otros del lehendakari Iñigo Urkullu, del PNV y del socialismo catalán.

Puigdemont sintió pánico a dar el paso de renunciar a la DUI y convocar elecciones autonómicas sin que el Gobierno central le ofreciera una serie de «garantías». Durante todo el día se habló de que lo que quería era un compromiso claro de Rajoy en el sentido de que con elecciones no aplicaría el artículo 155 de la Constitución. Que no habría intervención de la autonomía catalana.

Anoche fuentes de Moncloa y el portavoz del PP en el Parlament, Xavier García Albiol, destapaban que entre las exigencias finales de Puigdemont para ir a elecciones se encontraría una de imposible cumplimiento para Rajoy y para cualquier político que respete la división de poderes: la excarcelación de los líderes de la ANC y de Ómnium Cultural, Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, en prisión incondicional por decisión de la jueza Lamela de la Audiencia Nacional.

Entonces, ¿hay que dar todo por perdido? En cualquier otra circunstancia me atrevería a apostar, y a hacerlo por el sí. Vivido lo vivido en el conflicto catalán ya no sé si ‘blanco y en botella’ es sinónimo de leche. Siempre lo fue, pero esta mañana, este mediodía vaya usted a saber.

Los últimos pronunciamientos de ayer tanto del president Puigdemont como de Lluis Corominas, portavoz de Junts pel Sí -la coalición que todavía agrupa al PDeCAT y a ERC, pero que no se repetirá en los próximos comicios- parecieran apuntar que el soberanismo insistirá hoy de una u otra forma con la República Catalana. ¿Lo evitaría que el PSOE convenza ‘in extremis’ a Rajoy de que acepte renunciar a aplicar el 155 a cambio de elecciones y así lo plasme el acuerdo del Senado? ¿Se mantendrá la unidad de voto en las filas nacionalistas si hay DUI?

Fotos

Vídeos