descubrir el talento

La actividad del Baskonia se centra especialmente en la figura de Pablo Prigioni, que cambia sus zapatillas de juego por el silbato de la orden sobre la cancha de baloncesto

JUANJO BRIZUELA

«No hay imagen del futuro», escribía Susan Sontag en uno de sus diarios ‘La concienciauncida a la carne-Diarios de madurez’. Iniciado el tránsito entre el final de una temporada y el inicio de la siguiente, la actividad del Baskonia se centra especialmente en la figura de Pablo Prigioni, que cambia sus zapatillas de juego por el silbato de la orden sobre la cancha de baloncesto, y la plantilla de jugadores que estará a su disposición. Lo que pueda ocurrir en el futuro será una incógnita a falta de resolver con la suma de nuevos jugadores, la continuidad de otros y un estilo de juego por construir que permita al equipo seguir instalado en la élite del basket europeo.

Descubrir el talento e irlo puliendo con el paso de los días es una habilidad que no está instalada de serie en todas las personas y requiere de una idea que se sostiene sobre el trabajo y al mismo tiempo con el reto de visualizar el futuro próximo. El trabajo de una secretaría técnica no es únicamente descubrir aquellos jugadores que tienen algo especial en su juego individual sino su capacidad de desarrollarse y sobre todo en el cómo desarrollarse. El Baskonia siempre ha estado situado en este escalón, donde seguramente sea su valor más reconocido y diría que hasta envidiado por muchos clubes de baloncesto de todo Europa. El reto no es descubrir jugadores sino vislumbrar cómo pueden crecer individualmente cada día y en consecuencia imaginar cómo evolucionará el colectivo, el equipo, que es quien se convierte en resultado y no únicamente en la suma de las partes.

Quizá por ello la posible inquietud de otorgar el privilegio de dirigir a unos jugadores talentosos, físicos y ambiciosos en las manos y sobre todo en la cabeza de Pablo Prigioni, sea menos arriesgada. Él mismo ha vivido en su fibroso cuerpo y privilegiada cabeza el desarrollo de un jugador que llegó a España con una manera determinada de jugar y donde el destino final de su carrera como jugador ha concluido con una maleta repleta de experiencias vividas en forma de toma de decisiones ganadoras de juego, de mejorar físicamente cada año, de saber interpretar lo que ocurre en cada acción y de escoger de entre las posibilidades, la más efectiva para el bien del equipo, en una demostración palpable del significado de la palabra evolución. Estas experiencias van mucho más allá que el valor de una pizarra en un tiempo muerto. Estas experiencias van de enseñar a tomar decisiones, de pensar, proteger y preocuparse de los jugadores y de encontrar una complicidad conjunta y compartida en la idea del juego que mejor vaya con el talento, la exigencia diaria y el compromiso con una cultura de equipo que lo haga vencedor en cada enfrentamiento.

Así que no es de extrañar que en sus declaraciones, Prigioni hable poco del entrenador y mucho de jugadores, hable de hacerlos mejorar cada día, hable de un estilo de juego donde prime la inteligencia en las decisiones y de que el equipo sepa en cada momento qué es lo mejor que debe hacer en cada momento. Inteligencia resuena con tanta fuerza que será uno de esos pilares de este nuevo equipo. Instinto y determinación se convierten en esos principios que seguramente sean innegociables para el entrenador.

Quedan aún muchas semanas de trabajo de puertas adentro. En el club por armar al completo una plantilla -con Huertas como último fichaje- que responda a estos principios y que además sepa coordinarse y complementarse entre sí para la mejora individual y colectiva. En el entrenador por seguir imaginando ese futuro, que aunque no tengamos claro cómo será, sí que al menos se intuye el camino a seguir. Y a estas alturas, el desafío no tiene mala pinta, sino todo lo contrario.

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