El descarte

MANUEL ALCÁNTARA

El Gobierno ha decidido no aplicar el artículo 155 para evitar la inevitable consulta en Cataluña. Dice que ya no hay tiempo para impedir el desvarío. Siempre es tarde cuando la desdicha es especialmente mala y el Parlament inició ayer un ciclo de decisiones unilaterales en su pulso independentista. En realidad lo que hay es miedo a su aplicación, por si no lo aceptan los díscolos, que llevan mucho tiempo sin acudir a las aulas y burlándose de sus lejanos profesores. ¿Por qué el miedo se ha transformado en pánico? Somos muchos los fatalistas que creemos que todo lo que tiene que pasar, antes o después, ocurre, pero el tacto de la audacia consiste en saber hasta dónde se puede llegar demasiado lejos. Se confirma que la locura no es sólo individual y no siempre se debe a un exceso de introspección, como aseguran algunos sociólogos. Se trata de un virus altamente contagioso. Un loco hace ciento, pero mil dementes hacen millones. Basta con proponerles una bandera para que embistan al trapo.

El Parlament se puso en marcha ayer tras reducir sus vacaciones, pero no trataron la ley de referéndum. Junts pel Sí, que gobierna esa parte catalana con el apoyo de la CUP, sigue en sus trece: quiere que se apruebe la ley de ruptura con España antes de la consulta. Le están metiendo incluso prisa a Rajoy, que siempre ha creído que lo que más urge es esperar, pero no todo son malas noticias. En Sabadell han amnistiado a don Antonio Machado, acusado de franquista, y no le van a descolgar el rótulo a su plaza. Dicen que Goya y Quevedo también fueron franquistas, adelantándose a los terribles calendarios españoles, y hoy día no molestan a nadie. Se trata de descartar el célebre artículo 155 de la Constitución española y de sustituirlo por otro, de mayor duración.

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