Denuncia sin sentido

Los costes eléctricos en Cataluña no serán menos gravosos porque su ‘defensor del pueblo’ denuncie ante la UE su rebaja en Euskadi

EL CORREO

La denuncia interpuesta por el Síndic de Greuges -defensor del pueblo catalán- ante la Comisión Europea contra el acuerdo sobre peajes eléctricos en Euskadi, alcanzado por PNV y PP en la negociación de los presupuestos, carece de sentido por dos razones. La primera afecta al cometido institucional del propio ‘síndico de agravios’, que puede tener argumentos para considerar que el coste del suministro eléctrico en Cataluña es gravoso, e incluso injusto respecto a otras autonomías, pero que por ello mismo no está legitimado para reprochar aquellas soluciones logradas por otras comunidades para solventar su particular quebranto económico. En este caso el de 790 empresas vascas. La situación de desigualdad que pueda padecer la industria catalana no se supera porque su defensor del pueblo denuncie la salida acordada para Euskadi, como si ésta concediera un privilegio especial o formara parte nuclear de los sobrecostes que soporta Cataluña. En segundo lugar, la iniciativa del Síndic de Greuges no puede disociarse del ‘proceso’ independentista que impulsan quienes gobiernan la Generalitat. Sus instituciones demandan, por una parte, comprensión y solidaridad hacia aspiraciones que pierden legitimidad a medida que se separan de la legalidad constitucional y estatutaria y, por la otra, no dudan en mostrarse recelosos ante el modo que Euskadi tiene de conducirse en el seno del Estado de las autonomías. El episodio revela algo que la comunión nacionalista trata siempre de soslayar. La expresión ineludible de simpatías ideológicas o simbólicas entre el soberanismo vasco y el catalán no puede ocultar que, desde la Transición, Euskadi y Cataluña han sido más competidoras que socias en el diseño de un futuro compartido que, a estas alturas, se antoja divergente. La denuncia del Síndic de Greuges ante la UE no es la excepción en un mar de complicidades. Al margen de las intenciones inmediatas del defensor del pueblo catalán, refleja de manera elocuente un inesperado giro de posturas. El nacionalismo gobernante en Euskadi volviéndose tan pragmático como lo fue el catalanismo político. El independentismo catalán haciéndose con las instituciones de la Generalitat en una carrera impaciente por desconectarse del resto de España, Euskadi incluida.

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