Dentro del guión

Olatz Barriuso
OLATZ BARRIUSO

Hagámonos la pregunta clásica: ¿Se ha echado el PNV al monte? A la luz estricta de los acontecimientos, se puede concluir que, a medida que el Estado ha ido estrechando el cerco sobre el referéndum ilegal del 1-O -y desplegando a la Guardia Civil en Cataluña-, Sabin Etxea ha ido subrayando su apoyo al ‘procés’ y enfatizando teatralmente la escenificación de ese alineamiento. Es difícil superar la amplísima representación peneuvista que recorrió las calles de Bilbao el pasado 16 de septiembre de la mano de EH Bildu en defensa de la consulta ilegal con los tres diputados generales a la cabeza, pero caben pocas dudas de que los jeltzales se volcarán mañana con la nueva manifestación convocada por Gure Esku Dago. Que Egibar mantendrá su recobrado protagonismo. Y que echarán el resto el domingo en Barcelona, una complicadísima jornada que el lehendakari seguirá atentamente desde su casa, sin presencia pública ni declaraciones previstas hasta el lunes, cuando en una conferencia en Bilbao llamará a restañar heridas tras la refriega y a construir puentes, no precisamente aéreos, entre Madrid y la capital catalana.

Pero eso no quiere decir que Sabin Etxea, donde la gestión de riesgos se ha elevado a la categoría de arte, se haya echado en brazos de la izquierda abertzale en pos de una aventura al estilo de la que desgarra a la antigua Convergència, que, a la espera de algún cabo salvador al que agarrarse, bracea cual náufrago sin ponerse de acuerdo si quiera en si habrá o no declaración unilateral de independencia. Mientras tanto, los jeltzales están tirando de guión. Soberanismo de manual. Saben que mantener una actitud tibia les pasaría una elevada factura y les echaría encima una presión insoportable. De ahí que del respeto distante por el referéndum catalán, sin abandonar la defensa del derecho a decidir ratificado en sus textos doctrinales, hayan pasado a jalear la consulta de manera «proactiva» con EH Bildu, con quien se alinearon ayer en el Parlamento vasco.

No obstante, conviene repasar los diarios de sesiones antes de rasgarse las vestiduras o sacar conclusiones precipitadas. El 29 de mayo de 2014, las dos fuerzas abertzales protagonizaron su particular día de la marmota en la Cámara al proclamar que «Euskal Herria tiene derecho a la autodeterminación» y por lo tanto potestad para decidir «libre y democráticamente su estatus (...), bien dotándose de un marco político propio o compartiendo, en todo o en parte, su soberanía con otros pueblos». ¿Les suena a la cosoberanía del último debate de política general? Pues bien, el texto era un calco de otro aprobado por PNV, EA y Euzkadiko Ezkerra un cuarto de siglo atrás. Nada menos. Y cinco meses después, en puertas del 9-N, PNV y Bildu volvieron a unir sus fuerzas en defensa del «proceso político y democrático» abierto en Cataluña.

Así que, más que del monte, podríamos hablar de otro concepto clásico en la exégesis peneuvista, tan denostado por el partido como las dos almas. El péndulo. O más bien, la innata capacidad para interpretar en cada momento la dirección del viento. Hasta el domingo, sopla huracanado en defensa del referéndum y contra el Gobierno del PP, que, nótese, no ha dicho una palabra más alta que otra sobre sus hasta hace poco aliados. Después, habrá que ver si el jarrón se recompone (ojo a De Guindos ofreciendo un pacto fiscal a Cataluña) o se hace definitivamente añicos. Y ahí estará el PNV con la pala o el pegamento.

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