Cuestión de tamaño

Juanjo Brizuela
JUANJO BRIZUELA

Creer. Con sólo mencionar esta palabra el éxito comienza a gestarse porque al creer en tu objetivo, cuando eres consciente de que puedes conseguirlo, se inicia el camino hacia el mismo. Si a este momento mental y emocional se le adereza con unas dosis de talento, de esfuerzo y sacrificio, de confiar en el compañero de al lado y de decisiones tácticas, ayudan a que todo ello fluya con una visión común. Creer que puedes ganar. Hacerlo posible.

Acabó el Eurobasket 2017 y comenzó una nueva etapa en el baloncesto europeo. Quizá sea excesivamente osado decir la de un nuevo reinado pero sí la de la merecida posición de Eslovenia en la élite del baloncesto europeo. Ya era hora. Sus trayectorias pasadas se han situado en la mayor parte de los casos en los cuartos de final. En todas ellas Eslovenia mostraba su enorme talento pero le faltaba ese plus mental que hace que las plantillas se transformen en grandes equipos por disputar los grandes partidos. A Eslovenia llegar ahí le costaba. Hasta este Eurobasket.

El baloncesto es un juego donde el talento sólo por sí no vale. Hay que añadirle constancia, físico, trabajo continuado y decisiones acertadas en décimas de segundos. Un deporte de pequeños matices y grandes esfuerzos acumulados después de continuadas posesiones de 24 minutos. Talento, físico y mentalidad. Eslovenia ha mostrado en este Eurobasket que ha sido capaz de subirse a ese peldaño de la élite europea del baloncesto de manera brillante y contagiosa, porque al verles jugar, muchos aficionados nos hemos visto de alguna manera identificados con este estilo. El cómo una vez más ha superado al qué. Y eso es bueno para el baloncesto.

En un Eurobasket 2017 con bajas sensibles de jugadores importantes, ha sido el momento de descubrir algunas perlas jóvenes pero sobre todo comprobar que el talento joven, y al mismo tiempo experimentado en otras competiciones, sigue brillando en Europa. El juego de las selecciones se ha simplificado para ganar en brillantez individual. Eslovenia ha sido un ejemplo de todo ello. Liderados por un excelso Dragic, que ha ratificado el porqué de su contrato en la NBA, con un 1x1 desde el bote que ha mostrado que driblar no es cuestión de botar bien sino de controlar el mismo con constantes cambios de ritmo, y un tiro exterior rápido y muy certero. A su lado, Doncic. Un niño de 18 años con mentalidad y cuerpo de adulto y la ambición en forma de carácter por cada posesión del balón en juego. Simplemente extraordinario. A su lado, un buen puñado de jugadores como Prepelic, un exterior tirador; nuestro reconocido Blazic, siempre a punto en cualquier momento del partido; Randolph, que ha justificado el porqué es un 4 especial en Europa y finalmente, Vidmar, un poste que ha hecho el trabajo que a nadie le gusta pero que todos los equipos necesitan. Intensidad interior, movilidad, trabajo lleno de músculo y físico y canastas fáciles.

No deja de ser curioso que precisamente sea un serbio quien haya conseguido llevar a la selección de un pequeño país como Eslovenia a la cumbre más alta. Igor Kokoskov ha conseguido un juego disciplinado pero al mismo tiempo con la suficiente libertad para que cada jugador dé lo mejor de sí mismo. Con estos mimbres, enfrentarse a Eslovenia exigía a cada rival dar lo mejor de sí mismo, y eso es complicado en selecciones con apenas mes y medio de preparación. Le ocurrió a Letonia, a España y a Serbia.

A quienes piensan que ‘cualquier entrenador’ sirve para dirigir a semejantes jugadores, Eslovenia e Igor Kokoskov han demostrado que no es así. Lo sencillo es siempre lo más complejo en este deporte, pocas ideas muy bien ejecutadas requieren de entrenamiento, simplicidad y una confianza extrema en sus jugadores y entre sus jugadores y su entrenador. Esta unión de verdadero equipo es quizá junto al trabajo en ambos lados del campo, lo que ha hecho que Eslovenia sea un justo vencedor gracias al baloncesto, al juego, que no es nada fácil. Lograr que un equipo sea el segundo máximo anotador, el tercero en rebotes y cuarto en menos pérdidas demuestra que ha sido un equipo sólido y en ello tiene mucho que ver el conocimiento, liderazgo y personalidad de Igor Kokoskov.

Ahora que ha finalizado el juego llega el debate de las ventanas exigidas por la FIBA, la pugna entre las ligas profesionales y el organismo internacional. Más allá de lo que suceda, este Eurobasket vuelve a mostrar que este juego es de los jugadores, que la afición a este maravilloso juego nos atrapa por disfrutar de talentos como Dragic, Doncic, Porzingis, Bogdanovic y nuestro Gasol y el retirado ya Navarro. Que se haga lo posible para que ellos estén más allá de quien gane una pugna en los despachos que ni siquiera debería haberse planteado.

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