Sin crédito

Editorial

La compra de un chalet por parte de Pablo Iglesias e Irene Montero genera desconcierto en Podemos y contrasta con sus críticas a rivales políticos

El chalet que se han comprado Pablo Iglesias e Irene Montero./Idealista
El chalet que se han comprado Pablo Iglesias e Irene Montero. / Idealista
EL CORREO

La noticia de que Pablo Iglesias e Irene Montero han comprado un chalet en el municipio madrileño de Galapagar por 600.000 euros, para lo que han recurrido a un préstamo hipotecario que les obliga a pagar 1.600 euros al mes, ha avivado los reproches a los dos dirigentes de Podemos y generado un notable desconcierto en sus filas. Iglesias y Montero son plenamente libres de adquirir las propiedades que decidan. Por eso, las explicaciones ofrecidas sobre que ese es el entorno en el que desean que crezcan sus hijos resultan innecesarias. Lo relevante es saber cuál es la política de vivienda que defiende Podemos, y la coherencia entre el discurso de su secretario general y su portavoz en el Congreso y el comportamiento personal de ambos. La compra del chalet no es una cuestión privada y familiar desde el momento en que sus propietarios se han distinguido por su acerado juicio contra otras conductas individuales de rivales políticos en ese mismo ámbito. Mucho menos cuando la fuente principal de sus recursos económicos está en sus escaños en el Congreso. Escaños y recursos que se deben a esa otra línea de crédito, más difusa, que representa el voto ciudadano a su formación. Iglesias y Montero saben que sus justificaciones no son capaces de atenuar el desconcierto que la noticia ha generado en las bases de Podemos. Sencillamente porque han cambiado de registro. No se han dirigido a las bases de Podemos, a las que venían aleccionando sobre las bondades del alquiler, las perversiones hipotecarias, y también sobre la humildad y la aversión al lujo como características de la izquierda más purista. Se han dirigido al público en general. A cambio del chalet, no les ha importado hipotecar tanto su propio discurso, que a partir de ahora se verá estrechado, como el liderazgo que Iglesias comparte con Montero al frente de Podemos. El demoledor testimonio del alcalde de Cádiz, José María González 'Kichi', en el que apela al código ético del partido, recuerda el compromiso de sus dirigentes de «vivir como la gente corriente» y se enorgullece de tener un «piso de currante» no permite réplica alguna. Aunque lo más significativo ha sido el tono entre indiferente e irónico con que se han expresado los adversarios políticos. Como si la compra del chalet por parte de Iglesias y Montero no necesitara de críticas añadidas para restar credibilidad a su mensaje alternativo.

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