El coste de la crisis catalana

La paranoia política produce pobreza porque abraza la economía de la incultura

Manfred Nolte
MANFRED NOLTE

Progresa sin prisa pero sin pausa la economía española. Lamentablemente no sin hallar obstáculos en el camino. De tropiezo doloroso cabe calificar el desafío independentista catalán. Aunque el ‘procés’ haya naufragado en las aguas del artículo 155 de la Constitución, sus secuelas económicas son ya perceptibles y las proyecciones que sobre ellas se puedan verter, ciertamente preocupantes.

Primero ha sido el efecto impacto de la deslocalización del domicilio social de 2.000 empresas catalanas, el aviso de un artefacto con carga aún retardada. Luego las cancelaciones de servicios turísticos y la caída comercial de las carteras de pedidos. Ahora irrumpen en el escenario los personajes centrales: el PIB y el empleo, a la espera de que las expectativas se conviertan en crudas realidades. Se acabó la feria de las vanidades.

El Banco de España lanzó su advertencia días antes del 1-O. Ahora en su ‘Informe de Estabilidad Financiera’ aventura cifras y probabilidades sobre las consecuencias que para la marcha general de la economía española en su conjunto produce ya la incertidumbre generada por las tensiones políticas registradas en Cataluña, y las que en el futuro pudieran producirse. No está sólo en el diagnóstico. El Gobierno en sus previsiones hasta 2019 y la Airef comparten análisis equivalentes.

En sus proyecciones de la economía española, de finales de septiembre pasado, el Banco de España avisaba que las tensiones políticas en Cataluña podrían afectar a la confianza de los agentes económicos y producir una revisión de las decisiones de consumo, inversión y financiación, con efectos potencialmente significativos sobre el crecimiento económico y la estabilidad financiera.

No es infrecuente confundir incertidumbre con riesgo. El riesgo actúa sobre un contexto definido y concreto por problemático que sea, y sobre él caben activarse coberturas estadísticamente calculadas y valoradas económicamente con certeza. La incertidumbre, por contra, transita por el reino de la aleatoriedad y de la volatilidad donde todo es posible y no cabe ni evaluación matemática ni cobertura económica. La reacción ante la incertidumbre es doble: la huida del escenario incierto y la paralización de las decisiones de los agentes económicos hasta que un nuevo horizonte disipe las incógnitas reinantes. En ambos casos el coste económico es significativo.

En el caso de las familias, un escenario de incertidumbre motiva un aumento del porcentaje de su renta destinada al ahorro por precaución, reduciendo así su consumo y posponiendo sus decisiones de adquisición de bienes duraderos. Igualmente, las empresas, en un entorno de elevada incertidumbre, retrasan la realización de nuevos proyectos de inversión. Estos efectos pueden extenderse también a los agentes no residentes, afectando negativamente a variables como el turismo o la inversión extranjera. Finalmente, la evidencia disponible revela que, en un contexto de mayor incertidumbre, las sociedades financieras tienden a restringir la concesión de crédito, requisito básico para el buen funcionamiento de la economía.

El Banco de España, en su recién publicado ‘Informe de Estabilidad Financiera’ da un paso más al establecer un doble contexto cuantitativo para los dos próximos años. En un primer escenario de incertidumbre acotada, la pérdida acumulada de PIB hasta finales de 2019 sería de unas tres décimas, lo que supone algo más de 3.000 millones de euros. Pero en el escenario de tensionamiento más severo y prolongado el PIB se reduciría en términos acumulados algo más de 2,5 puntos entre finales de 2017 y 2019, lo que supondría unos 26.000 millones de euros. Este último escenario comportaría una reducción de cerca del 60% del crecimiento en marcha para el conjunto de la economía española y posiblemente una recesión de la catalana. Recesión significa crecimientos negativos del PIB durante al menos dos trimestres consecutivos.

Todo tropiezo encierra también una moraleja. En España y en Cataluña durante los últimos meses la política había eclipsado a la economía, pero la desbandada de sedes inició el despertar de las conciencias y devolvió el realismo a muchos que lo habían olvidado. Fue el principio del fin. La paranoia política produce pobreza porque abraza la economía de la incultura. El mercado, aunque cuestionado, primero avisa y luego actúa en consecuencia.

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