EL COSO DEL BATIBURRILLO

Ángel Resa
ÁNGEL RESA

El abanico de posibilidades se despliega en fiestas como cola de pavo real. Puede ocurrir que camine uno a mediodía por la calle Prado y se tope con la versión auténtica y dulcificada de Mauricio Colmenero. O sea, que se cruce frente al actor Mariano Peña, que interpretó durante nueve años y 237 capítulos al casposo y humorístico propietario del Bar Reinols en la serie 'Aída'. El mismo que viene de encarnar a la figura aristocrática de Don Benito (no el pueblo de Badajoz) Benjumea en el televisivo híbrido vasco-andaluz 'Allí abajo'. Lo mismo luce cabello zaíno repeinado hacia atrás de derechoso sin remedio, machista irredento y xenófobo militante al mando del establecimiento en el sur de Madrid que se apoya en un bastón terminado en marfil mientras alterna seseos y ceceos sobre la perilla esmerada del noble sevillano.

El tipo que encandiló a la audiencia con su incuestionable vis cómica pese a inyectar vida a un personaje de sal gorda y el hombre de maneras refinadas que rompe de manera dúctil el corazón pétreo de una donostiarra es un onubense de 57 años que representó ayer y el martes su obra en el Teatro Principal. Más bajo y escurrido de lo que enseña la pantalla, con mochila a la espalda y gafas de sol que lo camuflan discretamente. Pregunta Mariano por un sitio donde comer bien cerca de la zona y dan ganas de pedir que saque hoja y boli. Pero tamaño folio, que acabamos antes y escribimos en un 'posit' los lugares donde ingerir mal. Ejercemos de anfitriones y le recomendamos un local enfrente, trazando una diagonal, a cuarenta metros de distancia. El hombre va a picar algo, seis horas antes de encarnar nada menos que a Dios sobre las tablas del recinto vitoriano.

El 9 de agosto incita a las dudas entre apurar la juerga hasta la pulpa y empezar a recoger los bártulos dentro de una ciudad que hiberna un par de semanas en agosto como cuentan que gusta hacer a los osos en invierno. También es una fecha propicia para anticipar las conclusiones sobre el ciclo de La Blanca. Habrá tantos pareceres como votantes, pero extrae uno la conclusión de que a lo largo y ancho de ¡veintidós! espacios festivos existen propuestas variadas que pueden cuadrar con el gusto mayoritario de empadronados y visitantes. Actividades lúdicas de las cuadrillas, deportes autóctonos, espectáculos infantiles, música que va desde la vertiente callejera y folklórica al reposo pasando por los conciertos en Los Fueros y el campus, mercados de otras culturas, el euskera puesto en el escaparate iluminado de la tienda, las kalejiras, las barracas y los fuegos... Me voy a pedir otra hoja como aquella en la que el actor podía apuntar sitios de manduca buena. Va a llevar razón el dicho piadoso, que de todo hay en la viña del Señor.

Quizá el expediente muestre algunas reservas en modo 'necesita mejorar' para subir aún más la nota. Chirrían incongruencias como la programación de vaquillas, reivindicadas para el futuro la última mañana por los participantes, mientras la feria taurina se ha llevado una estocada baja de muy fea factura. Deben de pensar nuestros munícipes que con el toro de fuego nocturno que echa chispas por los cuernos en Olaguíbel y el mecánico de Espacio Aventura en el Prado van los aficionados que arden. Y alguien deberá de procurar un contenido coherente al Iradier Arena, inmueble hueco por el que pasan inquilinos varios sin que nadie se decida a convertirlo en hogar. Que lo mismo anuncia humor amarillo -vaya cruz- que Gran Prix, circo o pelota. Propongo que se le conozca como el coso del Batiburrillo. Pero basta, no quiero enfadarme ni echar propuestas al viento. Lo que me piden las mandíbulas es batirlas ante Quique San Francisco, sublime humorista a una cerveza pegado.

Fotos

Vídeos