Más corrupción en el fútbol

La detención del presidente de la Federación Española, Ángel María Villar, saca a la luz una etapa oscura del deporte rey

EL CORREO

Ángel María Villar, presidente de la Federación Española de Fútbol (RFEF), y su hijo Gorka, experto en derecho deportivo y al parecer partícipe en los negocios paternos, fueron detenidos ayer por la UCO a instancias del juez Pedraz, de la Audiencia Nacional, junto al vicepresidente económico de la Federación y al secretario de la Federación Tinerfeña. Se les investiga por los presuntos delitos de administración desleal -adjudicaciones de contratos a empresas de su hijo Gorka para el enriquecimiento familiar-, apropiación indebida y corrupción entre particulares -supuesta compra de votos de federaciones regionales con los recursos económicos de la federación con el objetivo de asegurarse la presidencia de la misma-, falsedad documental y alzamiento de bienes. La investigación ha durado más de un año y se ha basado en escuchas telefónicas e indagaciones policiales que se completarán ahora con la documentación obtenida en los registros. La sospecha de la corrupción vuelve a salpicar al fútbol.

Ángel María Villar ocupaba cargos internacionales de relieve cuando sus jefes de fila en la FIFA -Blatter y Platini- fueron sancionados e inhabilitados por ocho años, sin que él se viera directamente involucrado. Pero Villar tenía pendientes otros casos de presunta corrupción en España relacionados con fondos de financiación pública, como el ‘caso Haití’ -supuesto fraude relacionado con las partidas destinadas a construir escuelas deportivas en aquel país- y con el trato de favor a ciertas federaciones con fines electoralistas. Su detención puede poner fin a una etapa de casi treinta años de oscurantismo consentida por las entidades deportivas de este país. Es una oportunidad para cambiar las cosas y que entre claridad y transparencia en el fútbol.

Pensiones solidarias

La pasada semana la Autoridad Fiscal (la Airef) alertó de que el índice de revalorización de las pensiones no superará el 0,25% durante los próximos cinco años, por lo que ésta será la subida si no se modifica la normativa vigente, que fue establecida en 2013 para tratar de asegurar la sostenibilidad del sistema. Ahora, la mayoría de los partidos, salvo el PP, está planteándose regresar a la revalorización de las pensiones con arreglo al IPC. Sin embargo, el FMI, en su análisis periódico sobre la economía española, acaba precisamente de recomendar que no se haga tal cosa, tanto para asegurar la sostenibilidad que se pretende cuanto para que el ajuste se reparta entre generaciones, lo que se denomina «solidaridad intergeneracional».

El modelo actual, perturbado por la crisis, es fuertemente deficitario -unos 18.000 millones de euros este año-, por lo que habrá que pensar muy bien, en el seno del Pacto de Toledo, cuál es el camino correcto de las reformas, ya que el envejecimiento de la población, que es muy pronunciado, se acentuará todavía más cuando se jubile la generación del baby-boom. En nuestro sistema de reparto, las pensiones descansan sobre el esfuerzo de los activos. Y habrá qué meditar qué carga se deposita sobre los hombros de las generaciones emergentes, con peores salarios que las anteriores y aquejadas por un fuerte desempleo que se traduce en inseguridad. Quizá convenga actuar con gran prudencia, de modo que el esfuerzo se reparta más equitativamente entre activos y pasivos.

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