Corrupción en el corazón vasco

Hay ya voces que califican el arresto de Villar de persecución contra Euskadi, recurriendo al consabido victimismo

Pedro José Chacón
PEDRO JOSÉ CHACÓN

Todos los medios que han informado en los últimos días, incluidos los nacionalistas, sobre la trama corrupta organizada en la Real Federación Española de Fútbol solo han recogido la explicación emanada de la propia Guardia Civil sobre su elección del término francés de ‘Soule’ para dar nombre a la operación: la de un juego de pelota donde valía todo y practicado en el norte de Francia en el Medievo y que sería el antecedente del fútbol. Pero sin duda lo que más sorprende, visto desde Euskadi, es que nadie haya comentado al respecto lo que cualquier conocedor de la cultura vasca puede deducir al primer golpe de vista: que ‘Soule’ es el término francés para denominar a Zuberoa -Xüberoa, Xiberua o Xiberoa en el dialecto suletino del euskera-, el territorio vasco más oriental de la Euskal Herria histórica y foral, o sea de la nación cultural de los vascos.

Resulta extraño que la Guardia Civil, que tan acostumbrados nos tiene a poner nombres atinados y eruditos a sus operaciones anticorrupción -Gürtel, Púnica, Lezo- y siendo como es, por razones obvias, tan perfecta conocedora de la geografía del País Vasco francés, no haya reparado en esta coincidencia a la hora de denominar esta operación. Tenemos aquí, por tanto, dos acepciones del término francés ‘Soule’: una la elegida -un juego medieval sin reglas, antecedente del fútbol- y otra la geográfica y cultural de uno de los siete territorios históricos de Euskal Herria, al que la administración francesa encargada de su promoción económica y turística le ha puesto además un lema, en francés y euskera, que dice: ‘Soule-Xiberoa, le coeur basque, eüskal bihotza’, o sea ‘Zuberoa, el corazón vasco’. Y tenemos que la pareja dirigente de la trama corrupta es vasca: Ángel María Villar Llona y su hijo Gorka Villar Bollain. Es por eso que el pretendido significado futbolístico del término ‘Soule’, para denominar a esta operación, queda superado con creces por el simbolismo vasco que se está dilucidando aquí.

‘Soule’ es así, para nosotros, Zuberoa: uno de los siete territorios históricos vascos, con capital en Mauleón-Maule, al mismo nivel de Bizkaia, Gipuzkoa, Álava o Navarra, por la parte española, y que con Lapurdi y Benabarra, por la parte francesa, conforma el Zazpiak Bat. Nada que ver con lo que entiende el líder del PSOE, Pedro Sánchez, cuando habla de nación vasca y dice, de una manera tan empobrecedora para la cultura socialista, que «dentro de España hay una nación que se llama País Vasco».

Pero yendo al meollo de la cuestión, lo que ha quedado aquí severamente tocado ha sido, en efecto, el corazón vasco representado por un exjugador del Athletic como Villar, cuyo puñetazo a Cruyff se convirtió para siempre en símbolo de la defensa de la cantera autóctona frente a los fichajes millonarios de extranjeros. Y eso es lo que se ha llevado por delante la ‘Operación Soule’: el corazón vasco de quienes hemos estado viendo a ese Villar del puñetazo al frente de la RFEF durante casi treinta años, infundiéndole al fútbol español una impronta indeleble a través de entrenadores como Javier Clemente, Iñaki Sáez y ahora Julen Lopetegui, todos vascos. Saéz y Lopetegui entrenaron además a las categorías inferiores de la selección durante diez y cuatro años respectivamente. Otro muy próximo a Villar ha sido el tesorero de la RFEF y presidente treinta años de la Federación Guipuzcoana, Juan Luis Larrea.

Llegados a este punto de una carga simbólica tan densa, no extraña para nada -lo extraño hubiera sido lo contrario- que hayan salido ya voces calificando esta operación como una persecución contra los vascos, recurriendo así a la consabida salida victimista. Si no fuera porque aquí se ha llegado a tocar el corazón vasco, ese argumento caería por su peso, debido a la sobrerrepresentación continuada de vascos ocupando altos cargos en despachos y banquillos dentro del organismo rector del fútbol español. Pero hay todavía una segunda razón para contrarrestar ese victimismo y es que quien inició el proceso judicial que ha desembocado en la ‘Operación Soule’ ha sido otro vasco, por bilbaíno, Miguel Cardenal Carro, que fue Secretario de Estado para el Deporte entre 2012 y 2016, y quien a principios de 2016 presentó la denuncia en los juzgados sobre el mal uso de una subvención a la RFEF. Miguel Cardenal no aguantó la presión que se le vino encima al querer ir contra los manejos de Villar y tuvo que dimitir, pero dejó plantada la semilla de lo que ha despuntado ahora.

La figura de Cardenal es, por tanto, la única que puede contrarrestar la herida infligida al corazón vasco tras la caída de Villar. Si cabe ayudada por la de otro vasco, el donostiarra José Ramón Lete Lasa, que sustituyó a Cardenal al frente del CSD y tiene ahora que dar salida al embrollo dejado en la RFEF. A muchos el gesto de Cardenal nos compensa para anular cualquier salida de tono victimista. Tan vasco es Cardenal como Villar: la diferencia está en lo que simbólicamente representa cada uno. Es como cuando se habla de corrupción española o catalana de manera indiscriminada. Si es falaz y torticero identificar lo español o lo catalán con la corrupción, también pasa ahora con lo vasco: aunque haya vascos corruptos, la mayoría son honestos, y lo mismo podemos decir de españoles en general o de catalanes. Lo que es innegable es que con la ‘Operación Soule’ se ha llegado a tocar el corazón vasco y eso lo complica todo un poco más.

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