Control legal

El desenterramiento de restos humanos y la extracción de su ADN se han convertido en una moda tan controvertida como extendida a lo casos de recuperación de la memoria histórica

ENRIQUE PORTOCARRERO

Se entiende bien que en términos generales la exhumación resulta inevitable cuando se determina jurisdiccionalmente por un interés público o por un interés privado, aunque parece claro que en todo caso su práctica efectiva debe de someterse a estrictos controles legales para no vulnerar derechos morales, creencias o incluso consideraciones éticas.

Que los avances de la ciencia y la identificación del ADN han permitido resolver no solo demandas judiciales en torno a la base molecular de la herencia sino también verdaderos enigmas históricos, lo sabe y lo acepta todo el mundo. Pero, de igual manera, el desenterramiento de restos humanos y la extracción de su ADN se han convertido en una moda tan controvertida como extendida a lo casos de recuperación de la memoria histórica o incluso a divagaciones históricas, religiosas o literarias tan discutibles como las que afectaron a los restos de los Romanov, a la imposible fisonomía de Leonardo da Vinci o a las reliquias de diversos santos.

La exhumación de los restos de Salvador Dalí tiene el respaldo judicial ante una demanda privada, pero también todos los ingredientes de un espectáculo mediático y amarillo que está a la altura de los gestos surrealistas más espectaculares del genio. Por eso mismo, la actuación judicial y el trabajo forense deben de garantizar el control legal de la exhumación y de sus resultados, evitando en todo caso las filtraciones indeseadas de datos e imágenes o el amarillismo denigratorio en torno a los restos de Salvador Dalí.

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