El contradiscurso

Tonia Etxarri
TONIA ETXARRI

Con la declaración del president, a la misma hora que un día antes había comparecido el jefe de Estado, Felipe VI, los emplazamientos al diálogo y a la negociación de última hora no parece que vayan a encontrar un cauce fácil de reubicación. Puigdemont se aferraba a las invitaciones de mediación que han ido brotando en las últimas horas, la del lehendakari Urkullu entre otras. Aparcó, oportunamente, su plan de independencia unilateral. Si no fuera porque ya se le conoce, ayer parecía el presidente de una ONG más que el líder de una rebelión secesionista. Y de la misma forma que el día de la votación ilegal decía que «esto iba de democracia y no de independencia» para hablar, horas después, de la independencia, ayer aludió constantemente al pacifismo del «pueblo» catalán. Como si estuviera cohesionado. Por eso insistió en la idea de «un solo pueblo» para contrarrestar las fisuras que está provocando su aventura independendista.

Quiso hacer su contradiscurso al Jefe del Estado. De tú a tú. De republicano a monarca. Para afearle que se hubiera puesto de parte. De parte del presidente del Gobierno. Nada menos. Del que no dialoga. Pero se puso la piel de la paz porque hasta el Parlamento europeo le ha dicho que hay que dialogar pero dentro de la ley. Y él se la saltó hace mucho tiempo.

Así las cosas, lo verdaderamente importante de la reacción al discurso del Rey (que se refirió a la «deslealtad inadmisible» del Gobierno catalán y sus aliados) no es que le agradara más o menos a Puigdemont sino si lo comparte en su integridad la primera fuerza de la oposición, el PSOE. Porque la reprobación de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría anunciada por Margarita Robles (la voz de Pedro Sánchez) en plena crisis de Estado, ha levantado no pocas suspicacias. Y algunas descalificaciones internas.

Se suele decir que la principal víctima de las guerras es la verdad. Y en este conflicto de Cataluña provocado sobre todo por Puigdemont, que se ha convertido en el líder de una insurrección que ya le supera porque Òmnium, ANC y la CUP son quienes llevan el timón, ha habido mucha mentira. En las imágenes previas a la actuación de la Policía el día del referéndum. En los acosos previos que sufrieron la Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. En el propio referéndum, con urnas-tupper, censos universales, votos quintuplicados, a veces en plena calle y sin ningún control, y para colmo de la farsa, al primer recuento oficial le salía un escrutinio que rebasaba el 100 %. Si no fuera tan trágico este engaño sobre el referéndum podría aparecer en los espacios de humor de televisión dedicados a las chapuzas.

Pero no se trata de una broma. Estamos en una coyuntura de la que cabe esperar, por el bien de todos los ciudadanos que no devenga en acontecimientos de los que luego haya que lamentarse.

Mientras las autoridades catalanas no vuelvan al orden constitucional se antoja inimaginable un diálogo entre Rajoy y Puigdemont. Porque el president, cabecilla del golpe a la Constitución, se ha situado al otro lado de la legalidad. No habló del plan del Parlament para proclamar la independencia. A estas alturas, sin los dos tercios que necesita para cambiar las normas, según su propio Estatut. Con la excusa del referéndum y sin reconocimiento internacional. Todo un despropósito. Ilegal. Pero a Puigdemont que más le da. Presume de eso. Aunque ayer hablara de fraternidad.

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