LA CONJURA DE LOS NECIOS

Ángel Resa
ÁNGEL RESA

Recuerdo que al leer en su día ‘La conjura de los necios’ me divertí mucho. Con esa obra y a través de su vida John Kennedy Toole demostró la ambivalencia, el contrasentido y la paradoja que bullen en el interior de todos y cada uno de los seres humanos, incluidos aquellos que se tienen por el colmo del pensamiento recto y el sentido común. El autor firmó una obra maestra de la narrativa mediante escenas desternillantes que protagoniza un personaje grotesco mientras él mismo, y con posterioridad, era rehén de frustraciones personales que encallaron en la playa del suicidio. Perdonen la digresión, pero uno se encuentra abducido por las pulsiones literarias, que lo mismo reconfortan el alma a través de la estética que sirven para explicar asuntos aparentemente ajenos.

Sí, a estas alturas de la cacareada recuperación parece propio de necios negar la mayor. Me refiero a la macroeconomía, esa ciencia de los dineros a gran escala y despreocupada de los sentimientos que, sin embargo, viene a representar la cadena bestial resultante de los eslabones domésticos. La Hacienda alavesa anuncia una recaudación de 2.273 millones de euros por todos los afluentes directos o inducidos que van a dar a la mar de la saca común. Lo entiendo, cojan aire, que se marean. Abanicándome estoy con estas cantidades tan obscenas que las imaginamos como abstracciones y no realidades contables. La suma de rentas, sociedades, tributos especiales y muy generosos valores añadidos supone un incremento del 11,5% con respecto al ejercicio anterior y nos devuelve a años de vino y rosas, datados allá por 2006.

Música de violines, sí, pero también a cuenta de estrecheces económicas que vive demasiada gente al cerrar la puerta de sus casas y de reconocimientos monetarios desproporcionados para tanta juventud entre sus altas capacidades/preparaciones y los sueldos que aparecen al actualizar en Internet sus cuentas bancarias. Tan propio de necios es esconder de manera infantil la mejoría general como bendecir todos los resultados por la invocación a esa macroeconomía que no conoce ni a su madre.

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