El componedor

Manuel Alcántara
MANUEL ALCÁNTARA

Ha reaparecido Urdangarin, el célebre marido de la infanta Cristina, a la que debe casi toda su celebridad. La Audiencia de Palma le condenó en febrero a seis años de cárcel, más tres meses de propina, por cuatro delitos en el 'caso Nóos'. El que fuera excelente deportista se exculpa ante el Tribunal Supremo echándole la culpa a que todas sus actividades eran supervisadas por la Casa del Rey. Además de tramposo, desagradecido. Ahora asegura que nunca usó el tráfico de influencias y que era únicamente un «amigable componedor», sin detenerse en explicar las dos cosas: cómo escogía a sus amigos, ni cómo ellos lo escogían a él. El exduque no lo va a tener fácil, a pesar de todas las facilidades que le concedió la bragueta y que supo aprovechar en la misma medida que desperdiciaba. Hay que ser muy cándidos para esperar que se cumpla su condena, pero también hay que ser muy vengativos para desearlo. Que Dios reparta suerte, ya que el diablo distribuye la desgracia, pero estos asuntos nos permiten olvidar que el Tribunal Constitucional ha suspendido la llamada 'reforma exprés' del Parlament, que tanto iba a facilitar la consulta soberanista, es decir, la disparatada independencia catalana. España ha recibido a 36,3 millones de turistas, sin contar a Ángel María Villar, que es nativo pero que entra y que sale de la cárcel un día sí y otro también y no sabemos dónde clasificarlo.

Por suerte, para darnos cuenta de lo bien que le va a España nos basta con hablar de lo mal que le va a Venezuela. Allí no hay componedores, porque Nicolás Maduro se las compone sólo para decirle al pueblo qué es lo que le conviene. «En Venezuela tenemos un líder, no necesitamos emperadores». Ese el grito que ha lanzado el que se proclama sucesor de Hugo Chávez, que no sabe hablar sin gritar.

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