Competimos sin premio

MIKEL CUADRA

Mientras Prigioni se iba por sorpresa, los líos políticos ya empiezan a no sorprender a nadie y hastiar a muchos. Mientras haya comida con el tema catalán pasan hambre los juicios, robos, pensiones, empleos, salarios y otras pequeñeces básicas para llenar los platos. Y crecer, engrandecerse, a pesar de los malos momentos, debía hacer el Baskonia ante el Brose.

Notables sensaciones

Ya decía el otro Pedro ‘ábreme la puerta’ y el Baskonia, haciendo de Wilma, se la ha abierto de par en par al nuestro. Que el entrenador campeón de liga estuviera sin equipo hacía daño a la vista y al baloncesto. Gran movimiento de nuestro equipo tras el doloroso adiós de Pablo Prigioni y el mayor deseo de felicidad, en su segunda etapa, para nuestro flamante entrenador Pedro Martínez.

Había partido y como los balones no sienten empezábamos en Bamberg viendo un equipo con sentido. Buen movimiento de balón, defensa sin cambios, verticalidad sin miedo y el acierto ofensivo alto tan necesario para superar cualquier bajón. Teníamos problemas con Diop y sus faltas, el poderío de Radosevic cerca del aro, alguna pérdida innecesaria y la falta de comida para el todavía famélico Timma. El Baskonia encontraba al mágico Beaubois, al Toko de cada día y a ese Granger que hace y deja hacer; así tomábamos ventajas muy ricas sin acordarnos de nuestras miserias. Los de casa con el nuevo venido de fuera, Wright, igualaron la contienda pero nada parecía igual. Valdeolmillos movía perfectamente el banco, la pena era que también nos meneaban el aro en los tiros lejanos. Buena puesta en escena de McRae; amenaza, ataca y tiene ojos. A pesar de no hacer cambios defensivos Staiger les vino a ver desde la línea de tres para poner el partido en su sitio aún no perdiendo el nuestro. Notables sensaciones de los vitorianos, felices por la vuelta de Huertas, la generosidad, el compañerismo defensivo y sin mandar a los grandes donde se hacen pequeños. Nos sigue faltando presencia interior además de Shengelia, bloqueos a nuestros tiradores y que aparezcan los desaparecidos.

Mala baba

Los locales salieron enchufando lo que suele hacer que cualquier equipo se conecte. Hackett era una pesadilla mientras Timma seguía viviendo la suya; menos mal que Granger y Beaubois tenían, como habitualmente, el aro como amigo para capear el temporal. Seguíamos debajo sin ponernos encima pero sintiendo que crecíamos. Por los malditos balones de día de Reyes, las locuras transitorias y la muñeca de Staiger hacían la goma cuando nos borrábamos en ataque. Lo, su alero, a pesar de su apellido estaba muy despierto y Hickman jugaba y les hacía jugar hasta el momento en el que Marcelinho convirtió el Brose Arena en un sambódromo para así pisarles los talones bailándoles. Buen Poirier en la batalla pero entre gorros, Wright y sus segundas opciones nos fuimos de Baviera con mala baba.

Final

Competimos sin premio y con alegría tras unos días tristes. Derrota con honra de un equipo que necesita conocerse ofensiva y defensivamente, al que le faltan los que no están, el entrenador que viene y un cuatro y medio que pueda venir.

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