Cocina pop

ROSA BELMONTE

Mikel López Iturriaga no necesita a Alberto Chicote para hacer mejor ‘El Comidista TV’. Ni para darle relevancia. Ni para reírse de la tortilla (huevos con cosas) del embajador británico. Ni siquiera fue un golpe de efecto como aquel de Jennifer Saunders en su descacharrante parodia de ‘Downton Abbey’ y ‘Arriba y abajo’, cuando al final aparecían con sus cubos y sus bayetas Kim Woodburn y Aggie McKenzie, las legendarias presentadoras de ‘How clean is your house?’. La sensación era de «No, este no, que el programa me gusta». Demonios, si hasta salen niños a los que no quieres mandar al colegio de la señorita Trunchbull.

‘El Comidista TV’ se estrenó el miércoles en La Sexta (en el ‘prime time’, demasiado tarde, es un programa ideal para la hora de ‘El intermedio’, y debería ser sólo una entrega). No vimos mucho nuevo con respecto al atractivo producto de internet del que procede (cocina pop). Hay recetas y consejos, pero no es su esencia. El tono deja en ridículo ‘El precio de los alimentos’, eso tan sensacionalista de Chicote en Antena 3. Lo de restregarnos el azúcar que llevan los alimentos que pensábamos que no llevaban azúcar estará muy visto, pero funciona. También las lecciones del nutricionista autor de ‘Mi dieta cojea’, el malhumorado Aítor Sánchez. Quizá no es malhumorado, pero contrasta demasiado con la ‘joie de vivre’ del propio Iturriaga o de Ana Vega (Biscayenne), ambos lo más destacable del programa. Quieres que Ana Vega venga a verte para contarle cómo se hacen las patatas al ajo cabañil.

Falla la conjunción de cosas que por sí solas marchan. Falla el ritmo. Es una sucesión poco televisiva de temas (no basta con que las listas de las mejores pastelerías o las mejores tortillas no se den de golpe). Pero eso es lo más fácil de arreglar. Larry David decía que ‘Curb your enthusiasm’ (modera tu entusiasmo) tenía dos significados. Uno referido a la gente en sus vidas. El otro, referido al fervor por ‘Seinfeld’ (alto ahí, no vayáis a pensar que esto va a ser otro ‘Seinfeld’). Lo mismo deberíamos haber moderado nuestro entusiasmo con Mikel y los suyos. O no.

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