CIUDADANES TODOS

Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Estábamos ya en la sesión vespertina del pleno municipal, con el sol brillando afuera y los sucesos catalanes iluminando las pantallas de los móviles, cuando Amaia Arenal anunció que iba a intervenir brevemente en una proposición destinada a que los bomberos dejen de retirar de la vía pública carteles y pancartas políticas.

Era una propuesta lógica. Piensen que, al ocuparse de las pancartas, los bomberos pueden descuidar la que poco a poco va convirtiéndose en su tarea principal: demostrar su enorme superioridad moral. Hablo en general, claro. Y no quiero exagerar. Pronto llamarás a los bomberos porque se te quema la casa y verás cómo, al llegar, antes de ponerse con las bombas y las escalas, te invitan a hacer con ellos un poco de expresión corporal pacifista en protesta por los últimos sucesos de Waziristán del Norte.

Pero no nos distraigamos. La tarde lucía esplendorosa, los móviles vibraban pletóricos de alertas catalanas y Amaia Arenal comenzó a explicar la posición de su grupo, UdalBerri, sobre la cuestión de los bomberos. Como es natural, no iba a referirse a los bomberos como «los bomberos» (¿en qué cabeza cabe?), sino como «las y los bomberos». No es sencillo. El lenguaje inclusivo, sobre todo en lo tocante al desdoblamiento léxico termina tendiendo sobre el pleno un trapecio en el que es fácil resbalar. Piensen que los concejales hablan todo el rato de ciudadanos y ciudadanas, de las y los bilbaínos.

Amaia Arenal comenzó bárbaro. Se refirió al «cuerpo de las y los bomberos». Había mucho dominio ahí. Pero un poco después dijo «las ciudadanos». Inmediatamente rectificó: «las ciudadanas, parkatu». Y entonces añadió: «Y ciudadanes».

Confieso que pensé que la concejal había roto a hablar en asturiano. Les ciudadanes. Supuse que aquello tendría que ver con el apoyo a la plurinacionalidad del Estado y las lenguas sin oficialidad. Pero no, Arenal se corrigió: «Ciudadanos». Y se lo tomó con filosofía: «Jesús, estoy fatal». No debería culparse. Lo extraño es que en los plenos alguien pueda atinar bajo semejante caos de desdoblamientos de artículos y sustantivos. La proposición de los bomberos y las pancartas se retiró. La oposición se la guardó sin previo aviso. Temieron probablemente que alguien terminase refiriéndose a «las y los bomberis».

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