BUS Y CIRCUNSTANCIA

Los autobuses de dos pisos se quedan en las cocheras

Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

No fue fácil que los autobuses de dos pisos, al estilo inglés, se incorporasen en 2011 a Bilbobus y comenzasen a fatigar la línea 56, entre La Peña y el Sagrado Corazón. Incluso hubo que hablar con la UE y el Ministerio de Interior. Cuestiones reglamentarias. Y no fueron las únicas gestiones al máximo nivel que hubo que resolver. También hubo que hablar con Olentzero. Los autobuses de dos pisos se presentaron en el Arenal la Navidad de 2010. Olentzero actuó como chófer de honor.

A mi favor he de decir que ni siquiera la presencia del ser mitológico, ni tampoco su conocida influencia en el sector del regalo la noche del 24-D, consiguieron que me relajase periodísticamente hablando. Y lo señalé desde el principio: «Mucho cuidado con los buses de dos pisos».

Cierto que mis advertencias no tenían que ver con los autobuses propiamente dichos, sino con lo que le pasa a uno cuando viaja en el piso de arriba después de haber dejado muy alto el pabellón en los pubs de Greek Street y descubre tres cosas en un mismo instante lleno de dramatismo: a) ha llegado tu parada; b) debes bajar a todo correr y no recuerdas dónde diablos está la escalera; y c) el conductor no espera, ya sea porque no oye tus gritos o porque identifica en ellos tu acento y ve la ocasión de cobrarse algún agravio histórico.

Reconozco que en Bilbao no han sido esta clase de episodios biográficos dolorosos los que han terminado con los autobuses de dos pisos guardados en las cocheras. Pero tampoco puede acertar uno siempre al cien por cien. El problema de nuestros buses londinenses ha tenido que ver más bien con las averías. Ha habido que hacerles doscientas reparaciones en los últimos dos años. Esto ha costado un dineral, que añadido al dineral que costaban ya de suyo los propios autobuses lo ha transformado todo en un bonito fiasco.

¿Qué ha podido salir mal? Pues no lo sé, pero debería explicarse. Porque ha salido muy mal. Quizá los vehículos no eran especialmente resistentes. Quizá no fue buena idea ponerlos a dar saltos justo por Zamakola. O quizá, para recordarle no se sabe a quién nuestra legendaria anglofilia, habrían podido adoptarse otras medidas más discretas, sencillas y económicas. Programar algo de Gilbert y Sullivan. Fomentar el consumo de tostadas con marmite.

Temas

Bilbao

Fotos

Vídeos